El día que captaste la atención de Itachi Uchiha. [Itachi/Tú]
  Autor/a: _Bibi_
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  Fecha: 30/04/17 01:08
  Última edición: 30/04/17 01:20
Fanfics > El día a día en friki



 

Eres una ninja médico que trabaja para Akatsuki. Fuiste secuestrada hace unos meses con el objetivo de proporcionar ayuda clínica a cada miembro que necesite de tu atención. ¿Qué pasará cuándo captes la atención de cierto Uchiha?

One shot Itachi/Lectora. Muuuy largo, Me inspiré demasiado. Esto es lo que causa Itachi en mí. Uno de mis favoritos! ¡Disfruten!

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Estabas en una habitación especializada para tratar a cualquiera que te visitara. Como médico, si Akatsuki te iba a tener allí secuestrada por el resto de tu vida, necesitabas útiles y el espacio necesario para realizar operaciones, tener una cama para tus pacientes, agua, y demás detalles importantes para cuidar sanamente de alguien.
Recibías nulas visitas debido al propio cuidado que tenía cada miembro de sí mismo. A veces te preguntabas de quién fue la idea de secuestrar a un ninja médico, cuando todos los miembros de ésta organización se cuidaban sin problemas, y la mayoría eran demasiado orgullosos para dejarse tratar por una médica de pacotilla — porque así te llamaron tres de ellos —

Suspiraste en soledad, preguntándote si alguien en tu aldea natal estaba buscándote. Habían pasado meses desde que fuiste raptada. El chillido de la puerta hizo que prestaras atención hacía ella. Una figura negra entró con gran serenidad.
Ojos carmesí que penetraban hasta lo más profundo de tu alma. Temblaste ligeramente al razonar. Era el Uchiha, cualquiera se daría cuenta con tan solo mirar esos ojos color sangre, con aspas negras que te producían escalofríos inquietantes. Te levantaste de tu asiento de repente y lo miraste expectante, como si tuviera que decirte algo, pero no fue necesario. Caminó lentamente hacía la camilla frente a ti, y se sentó en silencio. Estabas a punto de decirle algo cuando notaste gotas de sangre caer por la manga de su brazo derecho.

Oh... Así que alguien al fin te había visitado para tratar una herida... ¡Y era un Uchiha!
Rápidamente fuiste hacía una pequeña mesa, buscando vendas y alcohol. Sus ojos te siguieron atentamente, rojos como su propia sangre.

Antes de empezar tu trabajo, lo miraste un poco tímida. "Necesito que... ", Señalaste su tapado característico de Akatsuki y el sólo asintió levemente. Te sorprendía verlo por aquí. Asumiste que estaba demasiado cansado como para tratar el mismo la herida del brazo. Tenías una gran habilidad sensorial. Sentías que su chakra se consumía poco a poco, perdiendo más, incluso sin estar haciendo nada. Una vez la capa fue retirada, procediste a verificar la herida. Era un corte profundo en el antebrazo, casi tocaba una vena arterial seria.


"Debes ser más cuidadoso la próxima vez. Tu brazo está pálido. Has perdido demasiada sangre, y el corte es demasiado profundo. Unos centímetros más y dañaba la vena arterial. Pudiste haber perdido el antebrazo", Sin darte cuenta estabas regañando su descuido. Preparabas hilo y aguja para cocer el corte. "Intenta hacer el menos movimiento posible, dolerá al principio pero pronto te acostumbraras a las puntadas de la aguja", Observaste sus ojos mirarte fijamente, y pudiste haberte sentido intimidada, pero la preocupación por su salud te ganó de antemano. "Y deberías parar eso. No sé si seas consciente del daño que la causa a tus ojos el uso excesivo de la activación Sharingan, podrías enfermar gravemente, sin mencionar el consumo de energía y chakra que conlleva emplearlo", Parecías una maestra retando a su alumno desconsiderado. Al notar el frío pesar de sus ojos sobre ti, notaste toda la palabrería que le habías dicho en tan poco tiempo a alguien como Itachi Uchiha, quien podía simplemente matarte de una técnica.


Desviaste la mirada nerviosa, musitando un leve "lo siento" a la vez que procedías a cocer la herida abierta. Mientras continuabas tu trabajo habitual, te diste cuenta del cambio vital al tocar su piel. Curiosa miraste su rostro. Ahora sus ojos eran azabaches. Sonreíste levemente al notar éste cambio. Te agradaba que haya tenido tus palabras en cuenta.


"No todos portan conocimiento acerca del Sharingan... Ni los males que se pueden padecer por su explotación", Su voz era demasiado calma. Te relajaba de tan solo escuchar la primera palabra.


Interpretaste su frase como un interrogatorio al cual estabas complacida de responder. "Soy médica. Debo tener el conocimiento suficiente de todas las enfermedades posibles. Mi abuela estudiaba mucho acerca de ellas, sobre todo a los Uchiha", Sonreíste ante el recuerdo de tu familiar. Una mujer dedicada con su vida. "Siempre nombraba la importancia del saber. Descubrió enfermedades de la vista que no se arreglaban con un par de lentes", En un rápido pensamiento te imaginaste al Uchiha con lentes. Vaya que sería un gran cambio. "Todo lo que sé, se lo debo a ella y a sus libros", Desde niña leías las anotaciones que tu abuela le dejó a tu familia. Siempre fuiste la más interesada en la salud y la ayuda ajena. Deseabas ser una gran médica.


"Hm... Comprendo por qué fue precisa tu asistencia aquí",


Tomaste el comentario como un halago y asentiste levemente. Estabas a punto de terminar de cocerle el corte, y pasarle alcohol para desinfectar. Nunca pensaste que de cerca tendría un rostro realmente atractivo. Su piel era blanca, parecía suave desde la distancia en la que lo mirabas. Esas dos líneas que recorrían su rostro eran realmente curiosas. Admitiste que incrementaban cierta atracción.


... Wow, ¿Qué estas pensando? ¡Concéntrate!


Sacudiste el sonrojo de tu rostro con un movimiento rápido y seguiste el procedimiento de inmovilizar su brazo. Esta acción pareció llamar su atención, y debiste explicarle.


"Sé que no es una buena noticia, pero deberás mantener tu brazo inmóvil por al menos una semana hasta que tus fibras se recuperen por completo. Puedo acelerar el proceso con una técnica médica, pero tu brazo no sanará hasta que redima sus fuerzas del todo", Lo viste asentir con tranquilidad, comprendiendo al instante la situación. Era agradable estar con él. No era un paciente ruidoso, no se quejaba demasiado y aceptaba con total serenidad las reglas para tener una mejora rápida. Contenta por la comodidad que sentías, sonreíste ampliamente y le dedicaste una dulce voz. "¡Bien! Entonces, terminaré de colocarte éste cabestrillo y serás libre",


Mientras colocabas el objeto mencionado, lo viste arquear una ceja no muy convencido de lo que hacías.


"¿En verdad es necesario?...", Aún tenía que realizar misiones y con el cabestrillo encima sería realmente molesto. Lo miraste a la vez que asentías.


"Bueno... No debes mover tu brazo, y esto es la mejor opción para que sigas la consigna al pie de la letra", Te causó gracia su pequeña molestia al necesitar de algo como eso. Suspiraste resignada y dejaste el cabestrillo a un lado. "Está bien... No debes usarla", No te sonrió, pero pudiste ver un gesto de comodidad en su rostro. "Sólo promete que no moverás tu brazo. No es muy grave, pero tampoco es algo que no deba tenerse en cuenta. Nada de misiones hasta un largo periodo",


Te miró en silencio, reflexionando lentamente tus palabras. Al final solo asintió con gran indiferencia. Te preocupaba la falta de emociones. ¿Era un robot o algo?


"¿Eso es todo?",


"Sí. Puedes irte",


Sin tardar, lo viste marcharse, llevando su tapado en el otro brazo. Te diste media vuelta para acomodar la cama, y limpiar las manchas de sangre secas. Bufaste en voz baja con un tono infantil. La sangre era difícil de limpiar, sobre todo de una sábana blanca.


"Reconozco que ha sido una grata atención",


Su voz te asusto, pensabas que ya se había ido. Estaba parado en la puerta, con una tenue sonrisa. Pequeña pero suficiente para ti. Asentiste con gentileza, suponías que era su forma de decirte gracias.
Cuando salió del lugar, suspiraste con falta de aire, como si estuvieses aguantándote desde hace rato.


"... Esa sonrisa... ah...",


Jamás creíste que ver sonreír a alguien te indujera algo tan enérgico.

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Los días pasaron. Las visitas de Itachi se volvieron cada vez más consecuentes, debido a que realmente tomó en cuenta tus palabras y no salió a misiones como de costumbre. Puede ser un asesino y tener objetivos claros que atender, pero no era un ignorante como para perder el brazo por no esperar una simple semana.


Sus visitas eran cortas, pero para ti parecían eternas. Su interés principal era la información que tenías acerca de los Uchiha y las enfermedades posibles entorno a sus ojos. Tú estabas más que encantada de informarle acerca de todo lo que sabías.


Hoy era el séptimo día que te visitaba. Era el único. Nadie acudía a ti después de todo.
Itachi estaba sentando en la cama, mientras que tú te encontrabas sentada en una silla junto a la camilla.


"Muchas veces me he preguntado como es que mi abuela recopiló tantos datos acerca de tu clan", Se encontraban hablando, una vez más, acerca de los Uchiha y toda información que abarcaba enfermedades.


Itachi pensó en silencio unos segundos. "En ese tiempo los ninjas médicos solo tenían en cuenta las habilidades en base a su profesión. Por lo que me has comentado, fue una gran médica de renombre. No era peligrosa. Sólo una médica" Te miró fijamente a los ojos y agregó. "Tal vez se haya infiltrado y robado pergaminos con información confidencial...",


Te molestaste por ese comentario, negando enseguida. "¡Imposible! Mi abuela era una mujer de honor y códigos, jamás sería capaz de hacer algo así. Todo lo que sabe, fue gracias a su gran inteligencia y su fuerza de voluntad para nunca rendirse. ¡Todo el mundo la amaba!", Te había ofendido su comentario. Amabas mucho a tu abuela, era una excelente kunoichi médica respetada por todos. Gracias a ella querías serlo tú también, y ayudar a quien sea. No importa si sólo eras una copia... Querías ser igual de magnífica que ella.


El pelinegro sonrió y ladeo la cabeza levemente, mirando tu rostro lleno de contrariedad. Día a día descubría reacciones interesantes por tu parte. "Entonces... Posiblemente tuvo un informante",


"¿Qué es eso de informantes?", Cruzaste tus brazos molesta. "¿Qué acaso alguien no puede descubrir cosas y ya?, Ustedes los Akatsuki son muy desconfiados" Lo señalaste con un dedo acusador e Itachi solo rió levemente ante tu comentario. Te sorprendió un poco pero lo disimulaste con una mirada más enojada que antes. Era la primera vez que lo veías reír.


"No es posible descubrir síntomas sin un sujeto primero",


"Bueno... Seguramente algún Uchiha de aquella época se ofreció para ayudar en su investigación, no es la gran cosa", Comenzabas a perder el hilo de la conversación, no entendías a dónde quería llegar el pelinegro.


"Es complicado imaginarse a un miembro del clan Uchiha como rata de experimentos", No parecía molesto, pero su rostro era serio. Suspiraste ante sus ideas.


"Mi abuela jamás sería capaz de utilizar a alguien para eso... Por más que no hayan lazos entre ellos, respetaba mucho a los demás, por más que le ayudaran con su investigación", Te levantaste de tu silla para sentarte a su lado. "No quise decir lo de ratas de experimentos. Me refiero a que... No sé, tal vez un Uchiha cercano a ella se ofreció con buenas intenciones, un amigo..." Ibas a mencionar más ejemplos pero Itachi te interrumpió.


"Un amante",


Abriste ambos ojos de la sorpresa y te ruborizaste ligeramente. ¿Tu abuela tener un amante del clan Uchiha? Por acto de reflejo te alejaste un poco del pelinegro, mirándolo con cierta timidez. Te imaginaste al hombre junto a ti, Itachi, como aquel amante desconocido, y a ti te viste como tu abuela, joven y candente. Te sonrojaste aún más, llevando ambas manos para ocultar tu rostro. ¡No debías de pensar esas cosas!


Itachi percibió tu cambio repentino y sonrió nuevamente, esta vez con diversión disfrazada de inocencia. Constantemente se percataba de todo lo que hacías. Por primera vez en mucho tiempo, decidió entretenerse contigo de otra manera.


"Hey, no hace falta que nos imagines recreando su amorío",


Ocultaste más tu rostro, quejándote por su broma, a tu parecer, de mal gusto.


"¡N-no estaba imaginando nada!", ¿Cómo era posible que supiera que estabas pensando? ¡Tu rostro era demasiado obvio! Miraste hacía el otro lado para que no vea tu rostro, más rojo que un tomate.

Itachi rió por lo bajo, mirándote con un deje de afecto que ni él mismo se esperaba. Miró el techo pensativo. Al no escuchar nada más, te giraste para verlo. La pose de su cabeza observando el techo te dejó a la libertad de tu visión, su cuello. Se veía tan masculino que tuviste que desviar la mirada de nuevo, más avergonzada.


"Hace tiempo no me relajaba de verdad", Giraste para ver su rostro. Estaba sonriendo hacía tu dirección, ojos azabache con una pizca de emoción en sus ojos. Eran hermosos.


"Ah... Yo tampoco", Reíste nerviosa y trataste de estar tan tensa. "Ser raptada tuvo sus beneficios", Soltaste al aire mientras sacudías tu mano despreocupada. "No me he sentido sola gracias a ti, debo agradecerte", Con total sinceridad le dedicaste una suave sonrisa y ladeaste la cabeza con dulzura. "Creí que sería difícil llevar una vida aquí, incluso pensé que... Moriría",


Itachi se mantuvo en silencio, analizando cada expresión de tu rostro. Una pequeña grieta en la pared dejaba entrar la mínima gota de luz que cayó sobre tu rostro, iluminando tu sonrisa con fervor. Por primera vez en días, notó la hermosura natural con la que te dotabas.


Evitaste decaer ante la idea de morirte sola en éste lugar, y miraste al pelinegro a tu lado, sonriendo. "Me alegra mucho haberte conocido. Sin ti, hubiese perdido la cabeza completamente", Te tentaste ante tu comentario y soltaste una risilla débil. "Venías a visitarme... Y, por más que fuese para conseguir información, realmente me aliviaba tener alguien con quien hablar... No me sentí sola nunca. Incluso cuando te ibas, sentía una parte de ti aún acompañándome en la habitación", Llevaste una mano a tu pecho. Tus ojos brillaban de admiración, tu sonrisa era de puro agradecimiento. "Muchas gracias... Itachi",


...


Al no recibir respuesta lo miraste intrigada. ¿Habías dicho algo malo? Te estaba mirando con un silencio que te comenzó a poner nerviosa. Sus ojos recorrían tu rostro con detalle, como si estuviera intentando recobrar los sentidos.


"¿Itachi?"


"...",


"Ita—"


Fuiste asaltada por sus labios, sin siquiera dejarte decir su nombre otra vez. Fue un beso directo, sabía lo que quería y cómo. Intentaste llamar entre besos, pero la falta de aire y la fogosidad del momento te impedían hablar bien. Balbuceabas con el rostro enrojecido, tu pecho ardía ante el mínimo tacto de su lengua contra sus labios. Sentiste la intromisión al sentir que tu lengua era acariciaba por la suya. Era suave y paciente, un beso lento que paso a paso tomaba la energía de la pasión que se estaba apoderando cada vez más de los dos.


Se separó cuando emitiste un débil gemido por falta de aire. Intentabas recobrar la conciencia y el aire al mismo tiempo. Tu pecho subía y bajaba exhausto por la acción anterior. Tus ojos brillaban más de lo normal, llorosos por la presión que hiciste al cerrarlos durante el todo beso. ¿Y tú rostro? Como era de esperarse, rojo ante tanta fogosidad junta. Tenías los labios entreabiertos, soltando débiles suspiros luego de cobrar el aire suficiente.


Itachi admiró cada segundo de tu imagen. Estabas a su completa merced. Hace unos segundos sonreías con el rostro más dulce, y ahora estabas confundida entre el cansancio y el placer de haber sido besada de manera tan intensa. Veía lujuria escondida en tu mirada.


"Dilo...", El susurro cerca de tu oreja hizo que entraras en razón. Lo miraste más que sorprendida, avergonzada y confundida. "Dí mi nombre una vez más...", Te alejaste lentamente y no sabías que hacer, lo mirabas con pena llevando ambas manos a tu pecho. Sentiste tu corazón latir con tanto impulso que en cualquier momento saldría disparado.


"P-por qué t-tú...", Te tapaste la boca y lo miraste asustada. Nadie podía culpar tu reacción, ni siquiera Itachi. Habría sido un movimiento impulsivo e innecesario. Bueno, lo de innecesario podría charlarse...


Reconociste un sabor dulce, y bajaste la mirada suspirando. Itachi Uchiha sabía a fresa.


El pelinegro te miró intrigado por tus expresiones inesperadas. Eras una mujer inteligente, lo demostrabas al hablar, sobre todo cuando estabas inspirada acerca de la medicina. Descubrió un lado entretenido que no pensó en destapar con sus propios labios. Allí estabas avergonzada sin saber qué hacer, y a él simplemente le complacía. Te había llevado a un extremo en dónde eras un pequeño ratón siendo acorralado por un peligroso gato. Un gato de ojos escarlatas que se relamió los labios al finalizar el acto que tanto te dejó anonadada; El beso.


Lo viste sonreír con lentitud, el tiempo junto a él comenzaba a volverse pesado. Eterno. No te molestaba, para nada.


"Tu sabor es...", Con gran atención miraste como se acomodaba tranquilamente en la cama, sentándose como antes, como si aquel beso no hubiese sucedido. Paso una mano por su cabello, dejando que su coleta cayera delicadamente por su espalda. "Agradable", Te dedicó una sonrisa de unos segundos y paso la yema de sus dedos por cada labio, recordando el beso de hace unos pocos minutos.


Tu rostro ya no podía estar más rojo.


"T-tú... E-eh...", Miraste hacía otro lado con gran inseguridad. No sabías si debías ser sincera. Aún eras conciente de que era un Akatsuki, y que él sólo estaba allí para ser atendido por ti, una médica. De repente estabas debatiendo contigo misma, tus dos dedos índices chocaban entre sí, en la moción de timidez que conmemoraba a la mismísima Hinata Hyuuga. Pero no eras ella, eras tú misma. Bajo la intensa y serena mirada de Itachi, tomaste aire y suavemente, te dejaste llevar por la ensalada de palabras que tenías en la cabeza. "P-podría decir q-que, tú también...", Giraste tus ojos para observar los suyos. Negros. Un color vacío para muchos, pero para ti, era el tono más vivo que habías visto en mucho tiempo. Sobretodo cuando te miraban sólo a ti.


Itachi asintió levemente, aún con esa sonrisa que hasta ahora no habías notado lo atrayente que se volvía con cada segundo que concentrabas tu atención en ella. No era simpática, ni encantadora... Reconociste algo más... Seductor.


Tras un incómodo silencio, — para ti ya que Itachi se veía realmente relajado — notaste que no era del tipo que socializaba demasiado. Sus acciones parecían hablar más que por él mismo. Esto te sorprendió ya que anteriormente conversaba más, cuando preguntaba acerca de las enfermedades de su clan y cuestionaba la información que podías brindarle. Pero claro, ésta situación era diferente. Muy diferente...

Te acomodaste de forma que estuvieras sentada nuevamente junto a él. Comenzaste a sentir más confianza cuando no se inmutó de tu movimiento, dejándote el paso libre para estar más cerca de él... ¿Qué estará pensando?
Modestamente asomaste el rostro y buscaste el suyo, dándote una ojeada primeriza a sus labios. Aún estaban enrojecidos tras el beso anterior, y notaste una pequeña marca en la parte inferior derecha de la comisura. Te sonrojaste de inmediato.


"Lo mordí...", No fuiste capaz de decirlo en voz alta, por lo que tu mente hizo el proceso de soltar dichas palabras en tu cabeza, rebotando una y otra vez. No te habías dado cuenta. El momento fue tan sorpresivo que ni siquiera caíste en la idea de haberlo mordido. Asumiste que no fue lo suficientemente doloroso, ya que no lo escuchaste quejarse o separarse de manera abrupta. ¿Y si se le quedaba la marca?


Sonreíste apenada. El rubor volviéndose habitual en tus pómulos. No te imaginabas a Itachi explicando la razón de aquella pequeña mordida, ni siquiera inventando excusas para no tener que entrar en detalles. Un poco de culpa se apoderó de ti.


"Desaparecerá. No te preocupes", Refiriéndose a la mordida que mirabas con tanto esmero, inclinó su rostro para acercarlo al tuyo. Podías sentir su cálida respiración contra tu piel enrojecida. Te hacía olvidar del frescor que atormentaba día y noche a la cueva. Orbes azabaches te miraban con gran ímpetu, sin romper el silencio que los dos crearon para disfrutar ese pequeño momento de miradas deseándose mutuamente. Era reciproco.


Y entonces ahí fue cuando te atreviste a avanzar, porque Itachi no era hombre de palabras, pero tú sí eras una mujer de diálogo. Con la complicación del tartamudeo, intentaste evitar la obviedad de tu nerviosismo. "Creo que...", Rozaste tu nariz con la ajena, ambas puntas acariciándose con dulzura. "T-tienes un sabor... sugestivo", En un suave suspiro dejaste escapar la última palabra, sintiendo la ligera tensión en el cuerpo de Itachi. Tu tono de voz, de alguna forma tentador, había logrando un efecto en el pelinegro.


"Hm... ¿Lo crees?", Pestañeo esbozando una sonrisa que, no podías entenderlo, era atractivo. Sin palabras, asentiste ante su duda, cuyo tono te hizo pensar que le causó cierta gracia tu comentario. Crees que tiene un sabor sugestivo, sin estar segura, a pesar de haberlo besado y todo. Incluso reconociste fresas entre tus sentidos gustativos. "¿Qué te parece afirmar esa creencia?", Lo sentiste. Sus labios estaban tocando tu piel. Su aliento aún se disipaba por tu boca, era tentador. No fue una simple pregunta. Fue casi una orden, una que estabas más que contenta de acatar.


Fue un beso dulce que tú misma empezaste, la tensión ya no era bienvenida en el ambiente, sólo la aceptación del uno por el otro y el deseo que sin darte cuenta, crecía a mares. No era uno de esos sueños hormonales en los que imaginabas estar con un ninja exageradamente perfecto, en todos los sentidos. El hombre frente a ti era real. Era Itachi Uchiha, y no conseguías entender lo suertuda que eras.
Sus labios, finos y pacientes, se dejaron guiar por tus habilidades, torpes, pero con gran voluntad para dar todo y hacerle comprender que tú también podías brindarle un contacto tentador. Tus manos inconscientemente recorrieron su cuello, para trazar un suave camino y terminar el trayecto en su nuca, mimando con la yema de tus dedos cada parte. Su cabello, sorprendentemente era suave, a pesar de estar siempre en un campo de batalla. Tuviste cuidado con mover su brazo herido y te inclinaste más, obligándolo en un movimiento a acostarse. Escuchaste el pequeño suspiro y aprovechaste esto para dejar que tu lengua continuara un beso más intenso.


No te cabían dudas. Los besos de Itachi Uchiha sabían a fresa.


Te separaste por falta de aire, necesitabas respirar. Pudiste ver la fogosidad en sus ojos, y el como su expresión cambió cuando decidiste separarte. Reíste con timidez y lo miraste cruzando tus brazos.


"No todos tenemos tu aliento, Itachi Uchiha, necesito tomar un poco de aire o moriré al querer besarte de nuevo", En tono de burla golpeaste sutilmente su abdomen. Estabas sentada encima de él, y cuando te percataste de esto, no te inquietó para nada. Sentías vergüenza al estar así, pero te sentías demasiada cómoda con él, y por la vibración que sentiste en su pecho, pudiste percibir que tu comentario le causó gracia.


"Entonces, dime", Levantó el brazo que tenía más sano, y tocó tus labios con intriga. "¿Qué sabor "sugestivo" has encontrado?", Tu rostro cambió a uno de duda. Cierto, el beso fue para descifrar el sabor. Aunque lo usaste más como excusa, sabías perfectamente a qué sabía, desde el primer beso.


Tomaste la mano ajena y la besaste con un cariño que te fue imposible evitar. "Sabes a fresa...", Lo mirabas con gran dedicación. No te dabas cuenta del tono sensual qué, sorpresivamente, habías despertado. "Por fuera parece frío... no, gélido", Itachi observó atento tus movimientos, escuchando con cautela cada palabra. "Pero en el interior es cálido, suave... Dulce", En tu rostro se iluminó la sonrisa pequeña, volviéndose amplia para él. "Eres la mezcla perfecta, Itachi",


No fue necesario decirle más — no te dio oportunidad después de todo — ya que se inclinó automáticamente para acercar tu rostro al suyo, sin más espera. No fue un beso como los de antes. Sentías la necesidad, no era desesperación, era el deseo de tener con tantas ganas algo que, técnicamente, era suyo. Entre choques de labios y el sonido de una cama reaccionando al movimiento, sentiste sus caderas insistir hacía ti, empujándote con débiles pero autoritarios golpes. Tus manos descansaban en cada hombro ajeno. Apretaste con fervor su piel, bajando hacía sus bíceps, sintiendo la dureza de un músculo trabajado. Tu rostro enrojeció entre los besos que no cesaban, mientras que tu mente reaccionaba una y otra vez a sus caricias. Una mano que paseaba por tu cintura y se quedaba allí, clavando con dominancia sus uñas en la piel, marcándola. El pensamiento de dejar una marca en tu cuerpo se sumo a las cosas que Itachi tenía pensado hacerte en esa camilla.

Gemiste su nombre de manera inconsciente, tu voz perdía el poder de antes, sentías la intensidad decaer lentamente. La debilidad de tu garganta logró que el pelinegro mordiera con más intensidad tu cuello, succionando con gran desdén antes de dejarte otra marca. Estabas sucumbiendo a sus habilidades para hacerte suspirar de tan solo un mordisco y a él le maravillaba oírte gemir su nombre. Cualquiera que fuera capaz de observar tu cuello luego de aquel encuentro, comprendería las manchas oscuras que se adueñaban de cada esquina en tu piel, culpa del Uchiha frente a ti que no se encontraba pensando en las consecuencias de dejar en claro que esas marcas derivaban de él y de nadie más.

Te dejaste embriagar por sus roces, labios marcando trazos de besos por tu pecho, y en un momento, volteaste exasperadamente. Estaba mordiendo la parte superior de tu blusa, mirándote fijamente. Una mirada más y terminarías embarazada, sin siquiera necesitar el acto sexual. A pesar del actual aspecto sexy del pelinegro, te alarmaste por su idea de despojarte de tu blusa y sostén. Quisiste alejarte, pero una mano en tu espalda te impidió continuar. Su mirada otra vez en ti, buscando tus ojos. Desviabas la mirada con complicaciones de inseguridad.


"Créeme, no quieres ver qué hay debajo de esto",


Lo viste arquear una ceja, como si hubieses dicho algo realmente estúpido. Pensamientos ridículos pasaron por tu mente. Cosas que Itachi probablemente haya imaginado pero no haya mencionado, ya que... Bueno, es un hombre de acción, no de palabras.


"¡No imagines nada raro!", Frunciste el ceño. Por el rostro indiferente — pero con una ceja levantada y ojos curiosos — que te decía que el Uchiha estaba imaginando una boca en tu estómago, ojos en tus pechos, o tentáculos que te salen de quien sabe dónde. No sabías hasta dónde llegaba su imaginación. "N-no puedo...",


En silencio tocó tu cintura, estremeciéndote al mínimo movimiento de sus dedos contra la ropa. Tu piel ardía por cada trazo que su mano elegía, colándose por debajo de la tela. Temblaste ligeramente por sus dedos helados, y por su sonrisa, veías un gozo de tu pequeño sufrimiento ante el frío que emanaban sus yemas, enlistadas para explorar cada rincón del interior de tu blusa. Apretaste los puños y cerraste los ojos con el rubor incrementado al recibir un aire frío en tu abdomen. Había levantando con paciencia la tela, liberando tu estómago. Itachi observaba divertido tus expresiones de pena, percibía los latidos de tu corazón alterado. Estabas aceptando que su mano explore sin pudor tu torso, memorizando líneas y marcas de belleza naturales. Dejabas un paso libre sólo para él, por él. Itachi reconocía esto y aumentaba la intensidad de sus roces, apresurando sus movimientos, al punto de subir la blusa hasta tus hombros. Pestañeó un par de veces luego de distraerse por el sostén frente a él. Tu mirada estaba centrada en la pared, evitando cualquier contacto visual con el pelinegro. Era demasiado vergonzoso.


"... ¿Osos?", Murmuro esbozando una sonrisa socarrona. Te había atrapado. Tenías un sostén de ositos sonrientes y no querías que se enterara. Eran tus favoritos.


"Son tiernos, no te burles", Respondiste sonrojada con una mueca infantil de molestia.


Itachi rió en voz baja y se inclinó para besar tu tórax sorprendiéndote para que se te escape un gemido. Te miró de abajo satisfecho por tu reacción, más aún por tu mirada avergonzada al suspirar tu nombre sin poder evitarlo. La mano invasora pronto tomó caminó hacía tu espalda, encontrando la cadena que encerraba lo que él tanto deseaba descubrir. Entrecerraste los ojos y te quitaste la blusa, sintiendo el frío que corrió por la piel ahora expuesta. Poseías una mirada cabizbaja, te era difícil aceptar que alguien más esté mirándote de una forma tan íntima. Itachi alzó su mano y acarició tu mejilla para llamar tu atención. Notaste sus intenciones de proporcionarte la confianza que te hacía falta. Sus ojos calmos te lo decían todo. Cuando lo viste seguir en su cometido, su semblante tranquilo cambió a uno realmente cómico. Tenía una mueca impaciente al no poder desabrochar tu sostén. Llevaste una mano a tu boca y trataste de ocultar la risa que se escapó al instante de escucharlo resoplar en voz baja.


No esperabas que el peor enemigo de Itachi Uchiha, fuera tu sostén.


Con delicadeza te inclinaste un poco y lentamente lo desabrochaste, el ruido haciendo eco en tu mente, incluso con manos temblorosas lograste hacerlo. Itachi sintió el cosquilleo en su frente gracias a algunos mechones de cabello que rozaron con su piel. Fue una sensación agradable. Se percató del perfume dulce que emanabas, a pesar de estar aquí durante mucho tiempo, aún conservabas un aroma encantador. Tu cuerpo liviano encima del suyo volvía la situación más provocante de lo normal. Te encontrabas sentada en su regazo, y él descansaba contra la pared, disfrutando de la grata vista de tu torso.

En un acto rápido dejaste caer el sostén, para socorrer tus pechos con velocidad, ocultándolos con tus manos. El pelinegro se sorprendió por la ligereza que presentaste en tan poco tiempo, era entretenido verte tan retraída y si no fuese por que te encontrabas ocupaba ocultando tus pechos, le hubieses dado un golpe en la frente por portar una actitud tan burlona. Itachi no quiso preguntarse demasiado a qué le temías exactamente. Lograba comprender la timidez, interpretándola como una característica normal en situaciones íntimas, pero, ¿Por qué? Te tenía en frente. Te veías realmente deslumbrante, por más avergonzado que se encuentre tu rostro, poseías aquel encanto que lo intrigaba. Sin darte cuenta, eras una mujer atractiva, al menos para él.
Se distrajo cuando escuchó tu suspiro resignado. Estabas dispuesta a dar un paso adelante y permitirle aquello que te costaba tanto. Lentamente dejaste caer tus manos, llevándolas a su pecho, presionando con fuerza debido a la pena y el miedo. No le temías a él. Le temías a tu propio cuerpo. Ser una ninja médica no te convertía en alguien... Inmune a inseguridades físicas. Todos las tenían. Miraste a Itachi de reojo, él no... El era perfecto. Sentiste un mínimo sentimiento de envidia, que se disipó cuando una mano masculina recorrió tu hombro, para hacerse un camino propio hacía tu barbilla. Te obligó a que lo miraras de frente, y con dificultad acataste a la acción, tus ojos con miles de emociones, pero ninguna representaba seguridad.


"Deja de preocuparte", Te acercó para besarte sutilmente, presionando con delicadeza sus labios hacia los tuyos. Ansiaste su nombre en voz baja, correspondiendo al mínimo contacto. Sus labios hacían que el frío de tu piel se desvaneciera. La calidez de su boca trascendía por todo tu cuerpo. Sentías que sólo él era apto de hacerte sentir tal cosa, y eso que estaba utilizando una sola mano para todo.

Te presionó contra su cuerpo, mano en tu espalda y labios en tu delicada barbilla que trazaban un camino por los costados de tu mandíbula. Disfrutabas el cosquilleo más su nariz jugando a la vez con tu suave piel, viajando lentamente hasta aproximarse a la parte del tórax, dónde en silencio besó con delicadeza y mordisqueó sin pudor alguno cada extremo de tu pecho. Poco a poco te relajabas antes tus roces, dejando en el olvido aquella vergüenza de dejar tu torso desnudo frente a él. Itachi suspiraba satisfecho al apreciar que la tensión de tu cuerpo se excluía de a poco. Dibujaste círculos en su pecho con tu dedo índice, sintiendo una vibración provenir de su cuello. Con voz ronca estaba clamando entre besos algo que no entendías, pero sabías perfectamente que era producto de las caricias que le proporcionabas. Al ser la única semidesnuda en la habitación, llevaste ambas manos a su abdomen, aprovechando la ausencia de su túnica característica, y colocaste las palmas por debajo de su ropilla negra haciendo fricción contra la dureza de su estómago. Tu piel sonrosada tuvo más razones para estarlo al sentir su propio torso trabajado durante tantas misiones.

Cerraste los ojos con placer al sentir el paseo de su lengua por tus clavículas, dejándole también mordiscos acompañados de besos. Imaginabas su cuerpo debajo del tuyo, deleitándose con el roce de simples telas. Sentiste gran ansiedad en despojarlo de sus atuendos de inmediato. Querías ver todo de él, y no cabían dudas de que Itachi también esperaba lo mismo de ti. Tomó un momento para acomodarse y asegurarse de que su brazo herido no estorbara para cuando quisieran moverse más. Lo regañaste en voz baja al moverlo de forma brusca y lo ayudaste a recostarse mejor, descansando su cabeza en la almohada, antes olvidada. Era oficial; Ahora mismo estaba acostado debajo de ti, y tú te encontrabas encima, observándolo con un rostro de pena y gusto. Una mezcla incitante. Al ver que lo mirabas buscando una guía de qué hacer exactamente, ladeo la cabeza un poco y te dio una de esas sonrisas tan atractivas que, para ser sinceras, ya te habría dejado embarazada unas cinco veces con tan solo apreciarla.


"Tengo dificultades para hacerlo por mi cuenta", Flanqueaste la cabeza lentamente, sin entender su comentario, hasta que señaló su ropa, tirando suavemente de su camisola. "¿Me ayudas con esto?", La pregunta sonó delicada, pero en su voz lograbas oír a la perfección el tono juguetón que le dio un énfasis especial al significado. Asentiste enseguida, sin ocultar tus ganas de ver su cuerpo. Es como si te hubiese leído la mente.


"No creí que fuera tan... Obvia", Murmuraste fastidiada con tus propias reacciones. Te sentías una niña con un juguete que le encantaba, pero no sabía usar. La mano de Itachi en tu cabeza te hizo voltear hacía él. Una sonrisa descansaba plácidamente en sus labios.


"Es fácil leerte", Su comentario no te subió los ánimos para nada. Le dedicaste una mirada aburrida. Él sólo prosiguió. "Por eso empezaste a gustarme", Te guiñó el ojo, acción completamente inesperada que te llevó al borde del abismo, tomando el color de un tomate mientras presionabas tu cara contra su abdomen, intentando ocultar tu reacción tan obvia. Itachi pensó en detener su diálogo, pero verte avergonzada era demasiado tentador. "Nunca he conocido a alguien tan verdadera. Sabes que quieres en tu vida, te mantienes firme en tus creencias y no prestas atención al riesgo, si se trata de cuidar a otros. Eres fiel a tu experiencia como médica", Miró el techo aún sonriendo por sus propias palabras. "Incluso si son los criminales más buscados",

No pudiste decirle nada, ya que aparentemente el gato te comió la lengua. Itachi te comió la lengua. Literalmente y figuradamente. Te inclinaste en silencio y presionaste un beso sobre la frente ajena, susurrando un agradecimiento lleno de comprensión. ¿De verdad había visto todo eso en ti?... Ah, espera, ¿Se estaba confesando?


El Uchiha te miró de reojo y sonreíste abiertamente convencida de que éste era el día más feliz de tu vida. Volviste a tu posición inicial y miraste decidida tus manos. Seguirías el mismo ejemplo de Itachi: Dejarías que tus acciones hablen por si mismas y le dirías con tus caricias que tú también correspondías ese mismo afecto.
Con mucho cuidado, le quitaste lentamente la camisola que llevaba puesta, dejando paso a paso la desnudez de su torso. Consideraste el aire de masculinidad rodear tus sentidos y suspiraste con placer al notar que no estabas equivocada cuando el Uchiha escondía un buen cuerpo debajo de esa túnica negra.

Guiaste tus manos por su abdomen para una mejor sensación de piel a piel. De lejos oías los pequeños suspiros del pelinegro, reaccionando ante los roces tan atentos y dedicados. Disfrutaba el calor de tus manos y la curiosidad de gato que se apoderaba de ti. Besaste su pecho, paseando por sus clavículas y luego hombros. Itachi no expresaba tantas reacciones faciales como tú lo hacías, pero sus ojos cerrados y sus suspiros calmados, eran una buena señal. Bajaste nuevamente para volver a posar tus labios en su abdomen, ésta vez cerca de su ombligo. El rastro de vellos púbicos que bajaban hacía la zona dónde todo el calor del Akatsuki se concentraba, te pareció sumamente sensual, con la enorme intriga de ir más abajo y ver lo que tanto se escondía debajo de sus pantalones. Sonreíste nerviosa ante tu propio pensamiento, te sentías una total pervertida, era totalmente nuevo para ti.

Dejaste que tu deseo manejara la situación, ya que lo estaba haciendo bastante bien hasta ahora. Te sentaste encima de él para tener una mejor visión de su torso, y luego de un par de movimientos con tu parte trasera, lograste acomodarte sin problemas. Ambos pantalones parecían estorbar, el gran momento estaba cerca.
Antes de que pudieras hacer algo más, sentiste el movimiento de su cuerpo elevarse contra ti, empujándote hacía atrás para tener más control y estar encima de tu cuerpo. Por un segundo te preocupaste por el brusco movimiento ya que su brazo aún estaba sanando, pero lo olvidaste cuando sus labios chocaron con los tuyos. Había más apetito que antes. Su mano recorrió tu pecho, acariciando con fervor cada parte posible. Por más voraz que eran sus movimientos, nunca perdió el toque sensual y suave que te hacía ver estrellas.

Itachi se separó con un gruñido y suspiro un poco agitado, no habías notado el sudor que caía por su frente. Su piel húmeda del calor que lograste elaborar con tus manos. "No está en mi acelerar las cosas...", Te mordió la oreja y escuchaste el desesperante sonido de su pantalón desabrocharse. "Pero no tienes idea lo mucho que me estoy conteniendo ", Su voz ronca contra tu oreja produjo un hormigueo en tu pecho, junto con una la necesidad de apretar tus piernas. El cosquilleo llegó hasta tu estómago, para terminar entre tus piernas. La sensación te hizo gemir su nombre contra su oído. Fue una súplica para que hiciera algo y detuviera la ansiedad de tu cuerpo. Necesitabas de él, necesitabas sentirlo.

Cómo si precisase tu aprobación, Itachi miró tu semblante y buscó otra vez esa respuesta. Lo tomaste del cuello con tus brazos y fundiste tus labios una vez más, devorando los suyos con pasión. Entre besos gemiste su nombre, llamándolo, clamando su existencia para que detuviera el fuego que jamás creíste tener dentro de ti. En contestación a tus movimientos te recostó en la camilla y besó tu cuello, guiándote al mundo de la lujuria. No te percatabas del sonido de la ropa retirándose lentamente de tu cuerpo. La habitación era un placar con los atuendos de ambos, esparcidos por todo el espacio pequeño. De manera instintiva lo atraías hacía tu cintura, suspirando contra su oreja. Su mirada azabache brillaba encima de ti, admirando tu rostro enrojecido rogando por más, mientras que tu pecho subía y bajaba por la agitación que te provocaba un simple roce de sus dedos contra tus piernas, aproximándose tentativamente hacía tus muslos para terminar el trazo en tus caderas.


Sentiste la presión de su cuerpo entre tus piernas y gimoteaste una vez más. Tus manos jugaron con su cabello, quitándole la coleta en el acto. Su pelo cayó con gracia por su cien y cuello. Podías ver algunos mechones caer por su frente, junto con el sudor que no te dejaba de parecer la escena más sensual del mundo. Quien lo diría, su cabello era realmente sedoso, con el aroma masculino que se volvía más embriagante con cada inhalada.
Con una sola mano presionó tu cadera con fuerza, atrayéndote directamente hacía él. Lo envolviste con tus piernas, querías sentir todo de él. Los sonidos graves que salían de su boca te mareaban más, enamorándote de esa voz varonil que gruñía tu nombre con gran codicia.


"¡I-Ita—Ah!",


Lo sentías. Sentías su hombría atravesar con cuidado tu cuerpo, clamándote con el vaivén de sus caderas. Se volvió imposible pronunciar palabra alguna, el movimiento te negaba el aire. Lo único que podías hacer era gemir, deseabas tener la almohada cerca para morderla y emitir los chillidos que se te escapaban. No querías alarmar a la organización entera y hacerles saber que te estaban... Inyectando.
La respiración ajena que chocaba contra tu cuello era suficiente para hacerte reprimir gemidos intensos, con cada estocada que recibías, sentías un placer inmenso que opacaba cualquier otra cosa, incluso los propios susurros que Itachi soltaba. Llamó tu nombre y buscó tu mano para entrelazarla con la tuya. Arqueaste la espalda de tanta satisfacción hasta el punto que sentías que iba a quebrarse. No controlabas tus propios impulsos empujándolo más hacía tu cuerpo con la desesperación de una amante implorando más de él. Mechones caían de manera rebelde provocando un inocente cosquilleo por tu rostro.

Te tapaste la boca de forma automática al sentir como un choque eléctrico de placer te llevó al punto de abrir tus ojos con sorpresa y mirar a Itachi con un goce incrédulo. Gemiste nuevamente su nombre para que volviera a dar en el mismo punto. El pelinegro observó deleitado tu rostro lleno de lujuria por el placer que él mismo te estaba brindando. Lo abrazaste con fuerza, colgándote de su cuello, manteniendo el equilibrio con el codo de Itachi apoyado al costado de tu cuerpo. Respiraste contra su oído, el jadeo acalorado jugando con su piel y provocando que la intensidad de sus caderas aumentara al tempo de tus gemidos.


"I-Itachi, n-necesito...", Reprimiste un par de gritos al sentir otra vez aquella sensación eléctrica cuando tocó un punto clave dentro de ti. "¡P-por favor, n-no puedo!", Exhausta le pediste entre jadeos asfixiantes que estabas cerca del punto final. Tus suplicas se volvieron el motor del pelinegro encima de ti, quien soltó un jadeo con tu nombre mientras reconocía la sensación de estar cerca también. Su lengua paseó por tus pechos, dejando besos en cada seno tuyo. Sus dientes mordisquearon sin pudor aquellos botones rosas que consideraba el postre ideal. Te proporcionaba besos y suaves lamidas que te empujaban cada vez más al final.

Tomaste tu cabello como acto de reflejo, dejando escapar un profundo gemido que determinaría tu límite. Poco tiempo después sentiste la intensidad en el agarre de Itachi, interpretando de inmediato que él estaba a punto de culminar. Sujetaste con fuerza su cuerpo, atrayéndolo hacía ti como metal e imán, unidos en uno, inseparables. Gritaste su nombre tras el último paso de la danza erótica que ambos habrían estado produciendo. Por su lado oíste el grave y ronco sonido de tu nombre, soltando la esencia que estaba reteniendo desde el primer momento en que tocó tu cuerpo.

Tus brazos cayeron rendidos sobre la cama, y junto a ti, viste desvanecerse el cuerpo de Itachi, exhausto después del gran esfuerzo corporal. Con el rostro adormilado viste la imagen borrosa de su rostro sonriéndote antes de caer en un profundo sueño.

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Abriste los ojos con gran pesadez. Sentiste el dolor físico de tu espalda y piernas. No estabas acostumbrada a tanto movimiento corporal, y lo de ayer no fue un buen comienzo después de tanto tiempo sin hacer ejercicio.

...

Oh, ayer.


Miraste a tu alrededor. Tu cuerpo fue cubierto por una sábana blanca. Notaste la falta de ropa en el suelo, alguien se había tomado la molestia de acomodar la habitación.


"Jamás creí oír a alguien roncar de esa manera",


Te levantaste de golpe, reconociendo enseguida su voz. Tu expresión dormida y ofendida al mismo tiempo era muy cómica.


"¿Roncar? ¡N-no lo hago!", Lo mirabas realmente ofendida por su comentario, pero en el fondo deseabas que tus palabras fueran verdad. Dormiste sola durante tanto tiempo que no sabías di en verdad roncabas en tus sueños.

Itachi estaba sentado junto a la cama, con la silla que normalmente utilizabas tú cuando alguien venía para la peculiar ayuda clínica. Estaba mirando hacía otro lado, pero lo viste sonreír ante tu respuesta. Incluso con un rostro tan serio te hacía bromas.
Su concentración estaba sobre el mostrador dónde tenías tus utensilios médicos. Viste un brazo sobre la pequeña mesa y te percataste de las vendas tiradas en el suelo junto a la cama.


"¿Qué haces?", Tu tono salió con gran preocupación. Nunca te pareció buena idea que tus pacientes tratasen sus heridas ellos mismos. Itachi se encogió de hombros con indiferencia.


"Estoy lavando la herida", Viste la pequeña botella de alcohol junto con un trapo húmedo. "Sé que normalmente lo haces tú", El pelinegro volteó su cabeza para fijar su vista en ti. Tapabas tu cuerpo desnudo con las sábanas blancas, aunque la luz que se metía por una pequeña grieta lograba iluminar tu complexión, volviendo la sábana una simple tela transparente que dejaba a la tu desnudez. Aún así, miró tu rostro, comprendiendo tu gesto de desaprobación al estar haciendo algo que tú deberías. Tú eres la que debe cuidarlo a él. ¡Eras su médica!

Itachi ladeó la cabeza levemente y te sonrió a la vez que volvía a continuar con el lavado de la herida. Antes de que te quejaras, agregó. "No quería despertarte",


Te cruzaste de brazos con una expresión de indiferencia. Podía despertarte, no te molestaba en absoluto. Lo único que te importaba era su salud y que aquel brazo se recuperara. Era tu trabajo después de todo, plus, querías ser de ayuda para él.


"Te veías linda mientras dormías", Sin siquiera mirarte, Itachi pudo percibir el color carmesí que subía hacía tu rostro decorando cada rincón de tus pómulos.


Te tapaste la cara como si te ayudase a decender el nivel de vergüenza que comenzaba a emanar de ti. No sólo era el hecho de que te dijera eso, si no que, te habría estado observando mientras dormías y quien sabe que posiciones o sonidos raros hacías mientras soñabas con él. Cada reacción tuya era un disfrute para Itachi, quien sonreía satisfecho por la faceta tímida que podías llegar a tener, incluso después de haberse acostado juntos.


Suspiraste avergonzada, levándote con la sábana para tapar tu cuerpo. Te acercaste al pequeño baño que tenía la habitación, agradeciendo que se encontraba cerca porque juraste sentir la mirada del pelinegro perseguirte por todo el camino hasta el baño.
Acomodaste tu cabello apenas cruzaste el espejo. Soltaste la sábana y pudiste ver las marcas en tu cuello y hombros, producto de la extraña necesidad de Itachi por sellarte y clamarte de esa manera. No tenías el maquillaje suficiente para ocultarlos. Un bufido frustrado se escapó de tus labios. Tendrías que inventar una forma de ocultar las marcas.

Notaste el baño más limpio de lo normal, y no es que tu no fueras alguien pulcra, pero hace tiempo que no tenías tiempo de darle una lavada en general. ¿Podría ser que...?


"Gracias por preocuparte tanto, Itachi", Gritaste desde el baño con una gran sonrisa. No podías creer que fuera tan considerado como para acomodar la habitación y encima, lavar el baño. ¡Incluso la ducha estaba limpia!

No oíste ninguna contestación y fue suficiente para la obviedad de que su orgullo no permitía darte la razón en ese momento. Diste unos pasos para salir del baño, y te acercaste a él, serio como siempre, tratando la herida.


"Eres realmente considerado, ¿Lo sabias?", Murmuraste cerca de su rostro, dedicándole una hermosa sonrisa de gratitud. Lo viste desviar la mirada hacía otro lado, una pequeña gota resbalaba por su frente. Lo abrazaste sin avisar.


"No sé de que estás hablando...", Por más indiferente que fuera su voz, notabas con facilidad la distracción de sus manos al lastimarse el mismo, accidentalmente. No cabían dudas, había sido él, pero no quería asimilarlo y eso te causaba gran ternura.


Reíste en voz baja y besaste su mejilla. Dejaste que se ocupara de su brazo mientras te aproximabas al baño para darte la merecida ducha que tanto anhelabas. Itachi te miró de reojo y reflexionó lentamente sus posibilidades de caminar hacía ti y unirse en el cometido de ducharse junto a ti.

Cuando estabas a punto de cerrar la puerta, la fuerza de su cuerpo te impidió que siguieras, a la vez que se metía tranquilamente al lugar. Confundida, hablaste;


"¿Itachi?, Voy a ducha—",


"Pienso hacer lo mismo", Tras interrumpirte se acercó y como si fuera cosa de todos los días, comenzó a desnudarse sin preocuparse de tu presencia. Tu piel sonrojada fue suficiente para hacerlo sonreír de lado. Abrió la ducha y observaste como el agua tibia caía juguetonamente por toda su complexión. El cabello negro caía hacía atrás, aumentando el largo por la cantidad de agua que recibía. La parte de su herida parecía estar cada vez mejor, ya que lo viste moverla sin dificultad alguna. No podías creer lo que estabas viendo.
Itachi extendió su brazo y te invitó a dentro, haciendo una moción con su dedo índice. La sonrisa pícara tan poco característica de él te hizo hervir en cuestión de segundos.


"Ahorraremos agua", Murmuró suavemente, esperando a que aceptaras su mano y te adentraras junto a él. Esa sonrisa te decía que su preocupación no era el agua realmente. Tomaste su mano y te dejaste llevar por su intensa vista, sentías que te desnudaba con la mirada.


Caminaste hacia él y sonreíste tímidamente. No le dirías que no a Itachi Uchiha. Ciertamente tuviste la mañana más larga y movida de tu vida, y no, no ahorraron agua. ¡Para nada!

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¡Yeey! Nunca me convencen mis propios finales. ¡Son difíciles de imaginar! Gracias por leer y nos estamos leyendo pronto con otra historia ~ Es más, me gustaría saber si quisieran algo con otro personaje. ¡Sólo escribo acerca de Naruto! Son los que más me inspiran hasta ahora (?) No tengan miedo en dejar comentarios. ¡Se aprecia mucho que lo hagan! Besos!
    natiyami
   30/04/17 05:23 | Última edición: 30/04/17 05:23

Wow... esto es intenso.

Me ha fascinado, has mejorado mucho tu narración y me alegra, es agradable leer este tipo de historias bien fundamentadas, precisas y concisas

Por mi parte me ha encantado; y si estas disponible... quisiera leer una historia con Utakata, es que me encanta ese personaje xD

Bueno hasta pronto.

Nos leemos.

    Lhatatakeuchi
   30/04/17 14:57 | Última edición: 30/04/17 14:57

sin palabras!!! parece ser que ser secuestrada por akatsuki fue buena suerte!
me encantó el one shot one, realmente increíble plasmaste la personalidad de itachi a la perfección, tu manera de narrar fue tan buena que me lo leí rápidamente y estaba completamente enfrascada en la historia, como si pudiera vivirlo!

me ha encantado one y estaré esperando si decides hacer alguno más, por mi parte a mí me encantaría que hicieras alguno con kakashi porque es mi personaje favorito!
me ha gustado mucho one!

    YonLau
   03/05/17 11:09 | Última edición: 03/05/17 11:09

No puedo creer la habilidad que tienes al escribir y encarnar tan bien a los personajes *-* me encanto! sigue asi UwU Estare esperando a leer un fic tuyo... nos escribimos luego!!!

    emo_uchiha
   06/05/17 08:01 | Última edición: 06/05/17 08:01

Me encanto!!!!!! Escribe uno con neji!!! Te lo suplico