Gracias, Icha Icha Paradise ~ [Kakashi/Tú]
  Autor/a: _Bibi_
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  Fecha: 19/04/17 05:57
  Última edición: 19/04/17 05:57
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Kakashi/Tú

Te ofreces a ayudar a Kakashi con la continuación del Icha Icha Paradise que quedó en sus meticulosas manos. Gran error sabiendo que llevas enamorada años de tu compañero, aunque debes admitir, no esperabas que tú y él comenzaran a revivir las páginas del mismísimo libro, ni que todo aquello terminara en una sesión de confesiones...

No es muy subido de todo, pero se recomienda cierta discreción (?)

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Tu cuerpo fue presionado, por tercera vez, contra el frío material que componía la puerta de aquel departamento. Un suave quejido de molestia se escapó de tus labios cuando tu parte frontal chocó con la madera. Tus pechos fueron los primeros en recibir el impacto, provocando que un ligero enojo incrementara de manera rápida, a causa de la brusquedad de la que no estabas preparada. Escuchaste un balbuceo detrás de tu oreja y a continuación todo tu cuerpo aceptó sin pena el placer que le provocaba la respiración ajena contra tu nuca desnuda, actual víctima de aquellos pequeños besos que te proporcionaba el atacante.
Sentiste el cosquilleo de su cabello plateado recorrer parte de tu cuello durante un largo rato. Comenzabas a pensar que lo hacía apropósito, pues la primera vez que la sensación llegó a tu cuerpo, soltaste un pequeño gemido que descaradamente deseabas reprimir, sin éxito alguno y sabías que eso sólo entretenía más al hombre detrás de ti, triunfante al estar al tanto de ser capaz de provocar los sonidos más excitantes en una mujer, sobretodo si esa mujer, eras tú. Una Jōnin, amiga y antigua camarada, aunque la palabra amiga quedó en el aire, reflexionando con dudas sin resolver, pero ahora no era el momento de solucionar dicho enigma.

Una mano masculina recorrió con lentitud el borde de tu complexión, reconociendo con la yema de sus dedos la suave piel expuesta sólo para él. Aún vestías un sostén rojo con bordes negros, y una falda negra, con pantys opacos que hacían juego con tus botas oscuras, cómodas para cualquier tipo de misión... O encuentro íntimo. En el fondo agradecías estar vistiendo lencería como ropa interior. Tenías el cuerpo necesario para verte atractiva y provocadora con la vestimenta y parecía surtir efecto en el Ninja que lentamente admiraba con un ojo cada parte de tu espalda desnuda y le proporcionaba pequeños besos, simples pero lo suficientemente calientes para hacerte suspirar en silencio. Claro que no saliste de tu casa pensando que hoy mismo le mostrarías tu lencería favorita a otra persona. Te gusta sentirse bien contigo misma y portar ese tipo de ropa debajo de tu atuendo tradicional, a demás de ser un sostén y braga muy cómodos para pelear y enseñar en la academia Ninja.
Sentiste su mano detenerse en tu cintura y se mantuvo allí durante un largo rato, haciendo presión en el mismo lugar. Entendiste el mensaje cuando tu parte trasera rozó ligeramente la parte inferior de su torso, dejando escapar otra vez un suspiro pero de sorpresa, al sentir el inquietante bulto que hacía presencia por debajo de sus pantalones. Volteaste la cara para poder mirarlo de reojo, tu cuerpo aún presionado contra la puerta.

— Kakashi... — Tu voz salió con un soplido de delicia que ni tu misma lograste encubrir con la mirada sería que intentabas darle ante el llamado de su nombre. La situación te estaba ganando y el hombre atrás de ti, junto con su acalorada respiración en tu nuca y sus ingeniosos besos, era el culpable.

No escuchaste ninguna respuesta hasta que te llegó una vez más la sensación de sus labios sofocar con intensidad tu piel enrojecida de tanta atención en tan solo cinco minutos, o más, habías perdido la noción del tiempo desde el momento en que fuiste aprisionada contra la puerta del departamento, cuyo dueño se preocupaba más por hacerte sentir su presencia alrededor de tu cuerpo, en vez de alarmarse por el libro que yacía en el suelo olvidado. Tenías por seguro que anteriormente aquella novela para adultos se encontraba segura en una pequeña mesada junto a la puerta a la cual fuiste bruscamente sometida.

— Hm... — Por la falta de atención en su primera réplica, supusiste que estaba demasiado ocupado concentrándose en las partes sensibles de tu cuello, acariciando y mordisqueando como si en cuestión de segundos hubiese descubierto cada sección para hacerte gemir, sin dejarte pronunciar bien tu siguiente comentario.

— E-espera, debemos, ah... Tenemos que— ¡Ah!, ¡Kakashi! — No te dejó finalizar, pues sus dientes se aprisionaron con fuerza contra la parte derecha de tu cuello, cerca de tu hombro provocándote la cuarta o quinta reacción de placer en la noche. Sentiste sus labios esbozar una tenue sonrisa contra tu piel, entretenido y satisfecho al hallar uno de tus puntos sensibles. Le dio libertad a sus labios y acercó los mismos a tu oreja. Su voz, más ronca que de costumbre, hizo que tus piernas se estremecieran y tus rodillas comenzaban a perder la fuerza con la que entraron por primera vez en éste departamento. Respiraste agitada debajo de él, mirando hacía el suelo en busca de más impulso para seguirle el ritmo. No estabas preparada para la siguiente frase.

— Es suficiente, por ahora — Volteaste enseguida, estupefacta y lo miraste sin creer lo que te acababa de decir. Su rostro te decía que se estaba divirtiendo con cada una de tus reacciones el día de hoy. Fuiste el entretenimiento de la noche, y esto te hacía, de alguna forma, hervir la sangre de vergüenza y furia. Al notar la mirada molesta que comenzabas a formas mediante entrabas en razón y olvidabas el placer al que te estaba sucumbiendo en tan solo unos segundos atrás, se hizo para atrás y caminó hacía la novela en el suelo. Lo cerró y en el frente podías leer claramente, Icha Icha Paradise.

Tu cuerpo perdió toda tensión y sentiste como si algún tipo de ilusión se hubiese desvanecido en cuestión de segundos. Recordaste la verdadera razón de tu visita, y el por qué de la anterior escena. Pudiste notar su ojo mirarte con intriga, como si no estuviera al tanto de tus pensamientos. Ignoraste la sonrisa que te hizo al momento de entender porque te veías alterada. Querías más. Estabas insatisfecha, pero había un problema.

No estabas allí porque compartías una aventura con Kakashi. No estabas allí porque estaban compartiendo el tipo de romance prohibido y oculto que tanto leías en aquellas novelas, cuyo tema principal eran los encuentros explícitos entre un hombre y su amante. No estabas allí porque aquel hombre frente a ti te lo había pedido. No estabas allí porque Kakashi te amaba.

La última frase provocó una pequeña punzada en tu pecho.

Estabas allí porque te ofreciste para ayudarlo en la continuación de su novela, Icha Icha Paradise. Luego de la pérdida de Jiraiya, tomó en manos la autoridad de seguir dicho libro. No sabías si lo hacía por respeto al anciano fallecido, o porque compartía los mismos gustos que él. Tal vez era un fanático que deseaba seguir la odisea sexual de la novela, o simplemente era un viejo amigo haciéndole un favor al antiguo autor.

¿Cómo terminaste contra su puerta gimiendo sin poder reaccionar antes sus experimentadas manos?

Al principio no aceptó tu ayuda, e incluso insistió en que podría continuar la novela sin necesidad de un anexo que compartiera ideas. Confiaba en sus vivencias y experiencias como para seguir la historia del libro, pero por alguna estúpida razón que no logras comprender, dudaste acerca de sus palabras y dijiste algo acerca de que no podría hacerlo sólo y que necesitaría la ayuda de una mujer experta como tú. Quisiste demostrar con tanto énfasis tu experiencia sexual con otros hombres, que terminaste por despertar el lado curioso y competitivo de Kakashi.

Por un momento pensaste que habías arruinado todo, al ver como accedía de manera tranquila y acordaba una cita en su departamento para charlar sobre el tema, completamente de acuerdo con la idea de que tú, su amiga desde hace unos años, fuera a su departamento y le hablara de sus vivencias sexuales para saber una opinión femenina y así lograr describir con mejor detalle el sentimiento de la mujer a la hora de escribir dicha novela. No te hubieses puesto nerviosa de no ser por el hecho de que, en todos esos años de amistad y misiones juntos, habías sido atrapada de forma tonta, por él.
Desde hace tiempo sentías algo por él. Era atractivo, conversaba contigo las veces que deseaba comentarle a alguien lo tedioso que se volvía Gai para pedirle una pelea, se aseguraba de protegerte en misiones peligrosas, y aunque sabías que sólo lo hacía porque era su trabajo mantener seguros a todos sus compañeros, muy en el fondo imaginabas que lo hacía porque sentía un afecto especial por ti, de igual forma que tu lo sentías por él. Te dejaste embrujar por una vacía esperanza de que algún día tuvieras el coraje de confesarle todo.

No pareció mala idea. En los primeros días eran sólo charlas amistosas. Kakashi siempre intentaba enfocar el tema en la novela y tus opiniones acerca de ella, pero lo único que hacías era hacer comentarios positivos y a veces negativos respecto a la misma, evitando a toda costa tener que hablar acerca de tu vida íntima sexual. Hace años no estabas con un nombre, ni siquiera tenías de esas relaciones rápidas en las que sólo era un encuentro carnal y te ibas satisfecha sabiendo que al menos cumpliste un capricho de tener sexo sin compromiso. Era imposible estando enamorada de él.
Todo empezó a tomar un rumbo diferente cuando hoy propuso algo completamente diferente. Poner a prueba tus conocimientos en él. Quería ver tus habilidades en la cama. Tu primera reacción fue un no rotundo y directo. No podías hacer eso con él, pero lentamente te dejaste llevar por la cobardía de no decirle nunca tus sentimientos y aprovechaste ésta oportunidad para estar más cerca de él, y verlo como nunca creíste.

Gran error, porque estabas allí, parada y sin creer lo que al final pasó. Intentaste liderar la situación una cosa llevo a al otra y era Kakashi quien te habría dominado en cuestión de poco tiempo, guiándote hacía esa puerta, único testigo del encuentro casi sexual que tuvieron en la tercera semana de todas esas reuniones. Escuchaste que rió por lo bajo, ligeramente apenado por su brusquedad anterior.

— Fui demasiado lejos, lo siento — Su sonrisa de culpa sólo hizo que te sintieras peor. No era él el responsable, claro que no. Sólo era tu amigo, un hombre cuya incitación fue dejarse llevar por la provocación de su amiga cuan idiota se ofreció a ayudarlo. Tú empezaste, inconscientemente, a caer en el deseo de sentirlo más y más, y ahora estabas allí parada, insatisfecha y con remordimiento por aceptar desde un principio tan descabellada idea. — Me dejé llevar por la situación — Tras decir esto, se encaminó lentamente hacía el sofá y tomó tu blusa, anteriormente arrancada de tu cuerpo sin previo aviso. Tapó su boca con la característica tela negra de siempre. Extendió su brazo y ofreció la prenda, evitando mirar tus pechos. Te pareció gracioso el hecho de que intente ser respetuoso luego de casi follarte contra la puerta de su departamento.

Negaste con la cabeza y tomaste la blusa color roja, era tu favorita. Y a partir de ahora, cada vez que la utilices, recordarás una y otra vez la escena candente del peli plata encarcelándote contra una pared. Intentaste mantener una actitud positiva y soltaste una pequeña risilla, que captó su atención. — Te dejaste llevar, ¿O mis habilidades cautivaron al gran Kakashi Hatake? — Acomodaste tus atuendos y lo miraste de manera fanfarrona, ansiando no sucumbir al nerviosismo. Jamás sentiste su mirada tan intensa.

Llevó una mano a su nuca y lo notaste reír ligeramente, a la vez que el único ojo visible se cerraba. No creíste volverte a enamorar una vez más de éste hombre, pero al parecer era posible. Cada reacción, gesto o movimiento, eran simplemente perfectos. Su ojo azabache se abrió para mirarte, y tu corazón latió con fuerza dentro de tu pecho. — Admitiré que no era parte del plan — Sonrió nuevamente, pero esta vez el que parecía manejar la situación era él. Arqueaste una ceja confundida.

No entendías de qué plan estaba hablando y por la expresión divertida en su rostro pudiste notar que comprendió tu confusión, porque volvió a acortar el espacio entre ustedes y se posicionó frente a ti, frente a frente, nariz con nariz.

— Esperaba que dentro de tus cualidades seductoras, dejaras en claro tus motivos — No hizo nada más, y eso fue lo que más sufrimiento te causaba. No estabas sufriendo emocionalmente, sino físicamente. Tu cuerpo podía sentir su cercanía y comenzaba a clamar por las manos de Kakashi nuevamente, que acariciaran y exploraran la odisea que permitía la complexión de tu cuerpo. Sentías la tensión surgir poco a poco entre la corta distancia que compartían ambos labios. Querías besarlo, pero sabías que no debías. Sólo te estaba provocando, una actitud típica en situaciones como ésta. Más de una vez fuiste víctima de un coqueteo inocente por parte de él. Solamente deseabas que fueran más allá que una simple broma entre amigos.

— De qué motivos hablas... — No parecía una pregunta, ni siquiera una afirmación. Estabas demasiado ocupada fantaseando con sus labios entre los tuyos, que no te diste cuenta del tono suave y sensual que dejaste escapar en un suspiro. Kakashi esbozo una pequeña sonrisa detrás de la tela que ocultaba aquella boca tan deseada por ti.

Lo viste llevar una mano hacía su rostro para bajar lentamente la tela, dejando nuevamente a la vista sus finos labios. En un susurro, seductor a tus oídos, soltó — Oh, creí que serías sincera — Y sin dejarte reprochar, atrapó tu boca en un beso que te dejó más que sorprendida. No dudaste ni dos segundos en corresponder, dejándote llevar por su lengua que sin descaro se invitaba sola a invadir cada rincón, degustando entre jugueteos y bailes hasta la parte más inesperada de tu boca. No te dio tiempo a pensar el por qué te estaba besando. Según habían acordado antes de empezar esa extraña tregua, la regla principal era nada de besos en los labios, luego continuaba lo de no caer enamorado ni despertar sentimientos por el otro, por temor a arruinar la amistad que ambos respetaban, pero al demonio con las reglas, además, fue Kakashi quien la rompió primero, ¿No?

Tuviste que separarte, sofocada por tanta falta de aire. Tu rostro ardía por la presión de su cuerpo contra el tuyo, y en poco segundos te viste tirada en el sofá, con el Ninja encima de ti. No hacían falta las palabras. Kakashi te miraba con deseo, y tú le contestabas de la misma forma, acariciando su nuca y espalda con gran provocación. Esto sólo logró una sonrisa de lado por parte del Jōnin.

— Era hora de que muestres algo de honestidad — Bromeó entre susurros, besando tu oreja entre palabras. Entre jadeos comenzabas a entender a qué se refería con lo de motivos. Recién ahora hablaba de motivos, cuando antes estaba plenamente interceptando tu cuerpo en la puerta escuchando tus gemidos y aceptando cada uno de ellos, más que honesta, ¡Te estabas entregando! Lo separaste, empujándolo con tus manos y lo miraste incrédula, presionando tus palmas en su pecho.

— Tú... ¿Tú sabías? — Fue lo único que pudiste murmurar entre pena y sudor. ¿Hace cuánto lo sabía? ¿De verdad se dio cuenta de lo que sentías por él? Desviaste la mirada maldiciendo en voz baja tu forma tan obvia de demostrar que algo te pasaba cada vez que Kakashi aparecía. Tu sonrisa, tu mirada, hasta tu cuerpo cambiaba sensaciones cuando él se acercaba.

Tus reacciones provocaban cierto deleite ante el Ninja. Sentías como te clavaba la mirada en silencio, analizando tu rostro. Estaba guardando cada fracción en su memoria. Eras la mujer más honesta cuando debías expresarte con tu rostro o cuerpo. Le entretenía demasiado, y tú veías todo esto como una burla. Se acercó a ti y posicionó sus manos en tu rostro, obligándote a que lo miraras. — Eres torpe, ¿Lo sabías? — Frunciste el ceño a punto de golpearlo cuando te robó un beso y continuó hablando. — No es difícil interpretar la forma en que cambias cuando te hablo... — Besó tu frente, luego tu nariz — Puedes ser una gran maestra, y sin duda una excelente Jōnin... — Trazó con besos un camino de tu barbilla a tu cuello, haciendo que te perdieras entre la sensación de placer que sus labios te regalaban. — Pero eres pésima para ocultar tus emociones — Tus manos sintieron la vibración en su pecho. Se estaba riendo ligeramente mientras soplaba tus labios y pasaba de ellos, sin besarlos, provocándote enseguida.

Tiraste del cuello de su prenda superior y uniste sus labios con los tuyos, en un torpe intento de beso desesperado. Kakashi sonrió contra tus labios y aceptó con gusto el gesto brusco, dejándote besar y explorar su boca con la necesidad que hace rato aguantabas.

Te separaste y lo abrazaste, no querías soltarlo nunca más. Sentías que esto era un simple sueño y que pronto te caerías de la cama y te despertaría tu gato, lamiéndote la cara rogando que le des un poco de comida. Por otro lado, el rostro del hombre de tus sueños estaba sereno, como si se esperase esos tipos de reacciones por tu parte. ¿Cuánto tiempo estuvo pendiente de tus sentimientos y nunca dijo nada?

— Por qué... —

Kakashi se zafó de tu agarre y se alejó un poco para ver tu rostro. Comenzaba a adorar tus expresiones, por más furiosas que se vieran. Ahora mismo tenías las cejas fruncidas, con una mueca de confusión, amor y molestia a la vez.

— ¿Por qué no dijiste nada? — Tu voz comenzaba a elevarse. No podías creerlo. Todo éste tiempo, quien sabe cuanto, supo lo que sentías y aún así se quedó callado, pretendiendo que nada pasaba. De pronto tu rostro decayó. Kakashi pudo ver tristeza, miedo, decepción, y sabía bien por qué. Antes de que dijeras algo, te besó nuevamente, con más deseo y determinación. Gemiste su nombre con dolor al sentir su alejamiento.

— Creí que sólo eran suposiciones mías — Con cuidado te levantó del sofá y te sentó junto a él. Pensó bien las palabras antes de continuar. — Necesitaba estar seguro de que no eran simples ideas erróneas. Fue perfecto el hecho de que te ofrecieras a ayudarme, facilitó mucho las cosas — La sonrisa que te dedicaba era preciosa ante tus ojos, pero aún seguías molesta por tener que pasar tanto tiempo aguantando las ganas de abrazarlo, besarlo y decirle todas las cosas que sentías. Kakashi pareció comprender perfectamente tu rostro aún hastío, y se disculpó entre murmullos, buscando una vez más tus labios.
Querías golpearlo por hacerte esperar y sufrir tanto, pero no podías. Tenías que dejarte llevar y aprovechar esta única oportunidad. Saber que te buscaba, te besaba y correspondía esos sentimientos, te hacía la mujer más feliz del mundo.

Te sentaste encima de su regazo, con ambas piernas abiertas. Lo miraste una vez más a los ojos antes de volver a besarlo y continuar con lo que habían empezado. — Esto no quiere decir que te salvas de una golpiza luego — Susurraste entre besos, y sentiste sus manos presionar con fuerza tu cintura. Soltaste un gemido de sorpresa. Lamió sin previo aviso tu cuello y dejó que dejarás caer tu peso sobre él, descansando con tranquilidad su rostro contra tus pechos. Entre besos y suaves caricias, murmuró.

— Hm... Sobreviviré —

Sonreíste ante la pereza que demostraban sus palabras y en tu cabeza, repetiste una y otra vez la siguiente frase: Gracias, Icha Icha Paradise ~

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Me salió de la nada. Quería darle amor a nuestro querido Kakashi. No creo que haya quedado muy conciso y no me convence... Pero bueno, las juzgadoras son las lectoras! Espero disfruten la historia. ¡Besos!
    Lhatatakeuchi
   19/04/17 14:18 | Última edición: 19/04/17 14:18

me ha encantadooo!! además con kakashi!!! la verdad es que no me imaginaba que al final nos declararíamos de esa manera, al principio pensé que solo era un favor o un juego pero mira tu por donde menuda sorpresa al descubrir que kakashi ya sospechaba lo que estábamos sintiendo!
me ha gustado mucho one!

    lunadark
   22/04/17 01:19 | Última edición: 22/04/17 01:19

sugoiiiii neee! opino igual q mi one me encanto estuvo mas q genial, q inesperado q la situacion de tornara d esa forma cn kakashi .///. spero cn muchas ansias la conti d tu fic y el d kiba tmbn xD t cuidas nos leemos pronto sayooo!