LASCIVIA - Capítulo 3
  Autor/a: -Litha
  Visitas: 64
  Fecha: 04/11/17 09:34
  Última edición: 04/11/17 09:34
Fanfics > Relatos - FanFics



 

Cuando él terminó de leer, me miró incrédulo, pero no sorprendido, sino más bien… divertido. Como si creyese que todo aquello no se trataba más que de una pesada broma de mal gusto de la que ya se había dado cuenta.

– ¿De qué se trata esto, Senkawa-san?
– ¿No cree lo que está escrito en esa carta? Eso pensé.
– ¿Realmente espera que le crea algo así? ¿Mi padre teniendo a otra mujer, y además una hija?
– ¿Qué pruebas quiere? –Contesté segura de mis palabras–. ¿Miró el sello postal? Los descontinuaron el año en el que nací. Y los sellos de la oficina de correos, ¿miró la fecha? Y la fecha en la que se escribió esa carta.
–Eso no demuestra nada. –rió levemente, aún escéptico. Su risa me irritó un poco, me hacía sentir como una niña pequeña y tonta que tenía explicaciones hilarantes y poco probables.
Tomé el sobre que Itachi tenía en las manos y le di la vuelta.
–Mire la dirección a la que se envió, ese era el domicilio anterior de su padre, Itachi. –dije con determinación.

Itachi me miró un poco más serio. Lo tenía, por fin había dado al clavo pero seguía sin ser suficiente. No era momento de arrepentirme, ni de dudar, ni de tartamudear. Nunca había visto a Fugaku, pero tenía a su primogénito frente a mí, mi única referencia de cómo se había visto mi padre en vida. Me atreví a ponerme de pie del sillón en el que estaba. Lo miré de manera confrontativa, directamente a los ojos, sin permitir que me intimidara o me hiciera sentir insegura con sus risas. Estaba a punto de abofetearlo con argumentos, de destruir todas sus dudas, de plantarle cara. Sería tan firme como lo hubiese hecho con Fugaku, sería tan imponente que no tendría otra opción más que ceder ante mí.

–Su padre, Fugaku Uchiha, hace 18 años visitó durante seis meses la ciudad de Kurama, cada fin de semana sin falta.

Itachi me miró estupefacto.

– Él salía de Konoha los viernes en la noche, llegaba a Kurama en la madrugada y regresaba a esta ciudad los domingos por la noche. En ese fin de semana, su padre visitaba a mi madre. Usted era muy joven entonces, pero estoy segura de que recuerda perfectamente los “viajes de negocios” que hacía su padre a la ciudad donde yo nací. –Mis palabras eran frías como un cuchillo–. La visitó, la enamoró, la embarazó y nunca más ella supo de él. Nací yo y jamás lo conocí, porque tu padre prefirió a la familia que ya tenía formada aquí. Tengo 17 años, Itachi, y Fugaku jamás me hizo falta en la vida… a mi madre sí porque lo amaba, porque ella estaba sola y conmigo en su vientre. Primero le rogó que regresara, porque ella lo amaba, pero después, cuando se dio cuenta de que él no sentía lo mismo, le pidió que me reconociera a mi como su hija. –Mi voz se tornó un poco más triste–. Mi mamá tuvo muchas deudas cuando yo nací, le pidió apoyo a tu padre pero él jamás respondió… Una vez, cuando tenía cuatro años, escuché a mi madre hablar por teléfono con tu padre… Le pedía ayuda, porque no tenía como pagar el alquiler del apartamento en el que vivíamos… –se me hizo un nudo en la garganta de recordar a mi madre llorando en el teléfono–. Él dijo “no” y colgó.

Parecía que el Uchiha aún no asimilaba la información; estaba molesto, confundido, atónito, triste… No me imaginó la vorágine de emociones en su interior.

–Pero mi mamá ya no está, Itachi, murió hace algunos meses. Y no estoy aquí para juzgar a tu padre. Tengo 17 años y no sé qué hacer… No sé cómo voy a sobrevivir en este mundo. Pensé que al venir aquí y hablar con tu padre, llegaríamos a un acuerdo, que él me daría dinero al menos para sobrevivir… Y eso sería todo. No vendría aquí a querer ser su hija, a ser una hermana para ti, no destruiría su familia por decisiones del pasado… Por eso estoy aquí.

Estaba temblando. Todo mi cuerpo temblaba. No sabía de donde había sacado todo el valor para confrontar a alguien de ése modo. Me senté bruscamente en el sofá nuevamente, cómo si hablar de ello me hubiese agotado.
El Uchiha parecía abatido, resignado y decepcionado. Se levantó del sillón y caminó hacia una ventana, dándome la espalda.

–Creo que ya lo sospechaba. –dijo resignado.
– ¿¡Qué?! –exclamé.
– Cuando era niño, las discusiones de mis padres eran recurrentes cuando mi padre viajaba a Kurama. Mi madre sospechaba de una infidelidad, pero nunca creí que llegaría a esto. –suspiró profundamente. Recibir ese tipo de noticias destrozarían a cualquier persona, pero Itachi, a pesar de su semblante triste, lucía serio.
–Lo lamento, Itachi. –dije suavemente.
–Quieres dinero, ¿verdad? –su pregunta fue demasiado directa. Él permaneció frente a la ventana, mirando al jardín delantero. Noté que dejó de llamarme de “usted”.
–Lo necesito. –contesté–. Mi mamá no me dejó mucho, y no quiero abandonar la escuela por un empleo miserable en una fábrica… Además, tengo derecho, Itachi, lo sabes. Aunque tu padre no esté…
–Lo sé. ¬–se dio la vuelta, y se sentó frente a mí de nuevo–. Mi padre tenía una responsabilidad y obligación contigo que nunca tomó, es inaceptable, es injusto. No estarías aquí haciéndome frente si realmente no lo necesitaras, admiro eso. Tampoco es justo que tu vida se eche a perder por la falta del dinero que por derecho era tuyo desde un principio, legalmente.

Su actitud me sorprendió. ¿Realmente ese hombre era hijo de Fugaku? ¿Cómo pudo criar a un hombre tan recto y justo alguien tan despreciable como él? No podía creerlo. Su forma de hablar y de tomar la situación me había conmovido de cierta forma, dejándome sin palabras.

–Una parte de la herencia de mi padre será suficiente para ti sola, Senkawa-san.
– ¿Herencia?

¿Qué? ¿Estaba bromeando? Sí, debía ser una broma. La familia Uchiha era rica, muy rica. ¿Podía yo tener una parte de esa riqueza? Eso era imposible, en primer lugar no iba a darme una parte de su fortuna así sin nada más.

–Itachi. –Aún estaba sorprendida por su propuesta–. Yo… No necesito mucho. Este no era mi plan cuando vine aquí, no pretendo quitarte una parte de todo lo que tu familia tiene… Cuando te dije que necesitaba dinero, no me refería a esto.
–En el testamento de mi padre, se nos nombró a mí y a mi hermano cómo herederos. Yo seguiría a cargo de su empresa, junto con la asesoría de los otros socios. Pero se estipuló explícitamente que parte de su fortuna, se dividiera entre sus hijos…, esto no excluye a los de sus relaciones extramaritales. Quizás él pensó que nunca te presentarías aquí, como justo en este momento.
–Yo no necesito…
– ¿Me estás diciendo que no quieres parte de la herencia?

¡MALDITA SEA, que dilema! Era más, diez veces más de lo que yo esperaba lograr en mi viaje a Konoha. Una parte de mí lo quería, quería ese dinero, mi vida estaría resuelta durante un buen periodo de tiempo, no lo despilfarraría y sin embargo, viviría cómodamente incluso hasta después de terminar una carrera universitaria…
Otra parte de mí, una modesta y humilde, sentía culpa por quitarle a él y a su hermano lo que su padre les dejó. Fugaku no me quería y eso lo tenía claro, él se habría cortado un brazo antes de heredarme algo a mí. Nunca me consideró merecedora de cualquier cosa que viniera de él, incluyendo su afecto y su dinero… Y ahora, su hijo me quería dar lo que siempre me perteneció.

– Es demasiado. –contesté, bajando la mirada. No podía decidir en ese momento.

Noté una expresión de sorpresa en el rostro del Uchiha. Como si hubiera esperado a que yo aceptara completamente los miles de yenes que él me ofrecía. Parecía… orgulloso de mi resistencia a recibir ese dinero.

–Comprendo… –sonrió de lado satisfactoriamente–. Sientes que no has hecho nada para merecerlo, ¿me equivoco?

No, no lo hacía. Negué sutilmente.

–Si esa es la razón, ¿Por qué viniste, en primer lugar? Si ibas a sentirte culpable de recibir algo que te pertenece y a lo que tienes derecho, ¿por qué te presentas frente a mí? –me dijo, con un tono serio. Dios ¡tenía razón!
–Yo no esperaba que hicieras esto. –contesté con un hilo de voz, aún estaba conmocionada–. Pasé toda mi vida sin un solo centavo de Fugaku, y ahora, quieres darme un tercio de la herencia que les dejó. ¿Cómo debería reaccionar cuando todo da un giro de 180 grados?
–Piénsalo. –respondió él.
– ¿Y si te arrepientes de esto? –dije inmediatamente.
–Hmph. –su media sonrisa apareció nuevamente–. Tienes mi palabra. Además, ese dinero no irá a ningún lado. De una manera u otra, te pertenece.

¿Debía confiar en él?

–Está bien. –respondí, y al mismo tiempo le correspondí a su sonrisa.

¿Cómo era posible que él hiciera eso, tan desinteresadamente?

–Senkawa-san, debes irte ahora.

¿Por qué?

–Sí. –me levanté del asiento.

¿Por qué era tan diferente a Fugaku?

– ¿Tienes donde quedarte? –preguntó con interés.

¿Por qué me sentía mal de querer odiar a Itachi?

–Sí, estoy en un hostal, en el centro.

¿Odiarlo?

–Dime si necesitas algo.

¿Lo odiaba, a pesar de ser tan generoso?

De una mesa lateral tomó una agenda, escribió algo para después arrancar la hoja y dármela.

–Es mi número de teléfono. No dudes en llamar.

SI. LO ODIABA.

¬–Gracias. Gracias por todo.

Me acompañó a la puerta, y la abrió para mí.
ME ODIABA A MI. Me odiaba por no ser él, por no ser la hija que Fugaku adoró tanto, a la que le dio todo sin pensarlo, que tuvo su cariño. Itachi era tan amable, respetuoso, justo. Él y su hermano lo tuvieron todo… Incluso antes de nacer. Me odiaba por ser la hija de su amante, producto de un adulterio, una relación basada en el engaño y la traición. ¿Nagisa lo sabía? ¿Sabía que tenía otra mujer, otra familia ya formada? Si lo sabía, creo que ni yo hubiese podido perdonarla.
¡Pero qué cosas tan horribles estaba pensando de mi madre! La rabia del momento me cegó, debía abandonar esas ideas. En el fondo de mí, confiaba en la inocencia y desconocimiento de mi mamá sobre la familia de Fugaku... ¡Apostaría que él les mintió a ambas!
En aquel momento, nada de lo que sentía o elegía parecía ser bueno del todo. Todo tenía su lado oscuro y su lado de luz. La culpa me invadía el cuerpo. Culpa de sentir resentimiento hacia Itachi, culpa de aceptar algo de lo que no me sentía merecedora, culpa de haber pensado en mi madre cómo alguien ruin.

Todo en mi vida en ese momento parecía un caos… Pero las cosas apenas comenzaban.

Regresé al hostal, sin mucho ánimo y con los pensamientos más revueltos que cuando salí de ahí. El lugar donde me hospedaba, era económico y ofrecía tres comidas al día por un costo extra, y ello, combinado con mis pocos ánimos de prepararme yo misma algo de comer, trajeron consigo uno de los hechos que más tarde serían de mayor importancia en mi vida.

El hostal tenía pocos huéspedes en ese momento, por lo tanto, podía disponer de las áreas comunes casi a mi antojo. Muchos de los demás huéspedes eran turistas que salían a conocer la ciudad, algo que yo ya había hecho tiempo atrás.
Y ahí estaba yo, al día siguiente del encuentro con Itachi Uchiha, en el comedor del hostal, con mi continua aura de melancolía. Creo que eso fue lo que provocó que Sakura, una de las encargadas del hostal, se acercara conmigo, intentando establecer una conversación y por alguna razón no se lo impedí.

–Espero que no te moleste que me siente aquí contigo, Senkawa-san. –dijo con una sonrisa, ella se disponía a comer un par de onigiris con alga.
–Para nada. –le correspondí a su gesto amigable.

Yo no era una persona especialmente sociable, pero cuando quería, era algo que se me daba bien. A pesar de ello, nunca hice muchos amigos significativos.

– ¿Piensas quedarte por mucho aquí, en Konoha?
– No lo sé. Depende de muchas cosas. –respondí, fue lo primero que se me había ocurrido–. Quizás solo un par de días, estoy aquí de paso, para “turistear” un poco.
–Ah, turista. –sonrió ampliamente–. Entonces debes tener muchos planes para esta noche, ¿no?
–Mmm. No realmente. –fui sincera.
–Senkawa-san… ¿Es en serio? En viernes por la noche, una chica joven como tú, ¿solo piensa encerrarse en su habitación de hostal? –me miró divertida.

Cuando lo puso de esa manera, sí, sonaba ridículo cuando miles de jóvenes como yo estaban comiéndose el mundo allá afuera. Suponía que en una situación como en la que estaba yo, quedarme a estresarme por pensamientos confusos sobre mis planes de vida era lo último que necesitaba. Además, Sakura parecía ser una agradable persona, a pesar de que noté que se compadecía un poco de mi.

– ¿Tienes algo en mente para nosotras?
– ¡Sabía que te convencería! Ya que eres una turista, y yo soy la anfitriona de este hostal, será una sorpresa.
–O.K. Pero primero, dejemos los formalismos, llámame sólo Kyou. –sonreí–. Aún si es una sorpresa, debes darme un código de vestimenta, ¿no?
–Tienes razón. Un vestido y zapatillas bastarán, nada formal.

¿Vestidos? Mi viaje iba destinado a buscar a mi padre y hacerle frente, no había empacado ningún vestido demasiado lindo. Sakura notó mi expresión.

–Te traeré unos cuantos, para que escojas el que más te guste. –me giñó un ojo, aún con su radiante sonrisa.

Después de cenar, Sakura salió muy entusiasmada del hostal, había dejado a otra chica a cargo mientras volvía.
Mi ánimo no era el mejor en ese día, pero no todo se trataba de sentirse miserable, confusa y abatida. Si algo había aprendido durante los meses que padecí depresión, había sido a no abandonarme a mí misma, a compadecerme y sufrir. Tenía que hacer el esfuerzo. Si quería divertirme un poco, tendría que poner de mi parte.

Cuando salí de darme un largo baño, sobre mi cama encontré tres vestidos diferentes. Sakura había traído los que ella presentía que me gustarían. Ella tenía buen gusto, así que no importaba cual escogiera, luciría bien en mi cuerpo.
Me quedé frente al espejo, dejando caer la toalla que me envolvía contemplé la curva que hacía mi cintura cuando se encontraba a mi cadera; la sombra que mis senos dibujaban debajo de sí y los pétalos rosáceos que yacían sobre ellos, la cascada de cabellos oscuros y ondulados que me llegaban al final de la espalda y el par de ojos del color del pasto seco como en un otoño cualquiera mirándome de vuelta en el espejo, ¿Sería yo tan linda como Sakura con esos vestidos que ella ya había usado? Aquella noche, me esforcé por ello. Me vestí, me peiné, perfumé y maquillé como no lo hacía hace tiempo. De hecho, desde que mi madre había muerto, no había salido por la noche ni mucho menos me había arreglado de esa manera. Me miré de nuevo en el espejo, me sentí linda, cómo tiempo atrás solía hacerlo. Sonreí para mí, pues me parecía a mi madre en muchos aspectos, teníamos la misma nariz y el mismo color de ojos, casi el mismo tono de piel, pero yo tenía una mirada que pertenecía al apellido Uchiha. Había agradecido a los genes de no haberme permitido parecerme demasiado a Fugaku, como seguramente lo hacían sus hijos.


– Kyou, ¿estas lista para irnos? –me llamó Sakura desde fuera.

Por último tomé un pequeño bolso y salí para contestar su pregunta con mi presencia misma. Ella me miró impresionada, con una sonrisa típica de ella.

–Me dan celos no lucir tan bien como tú. –Dijo con una fingida mueca de enojo–. Mis amigos están afuera, esperándonos.
–Vayamos de una vez. –contesté–. Estoy segura de que este vestido no me queda tan bien como a ti, ¿verdad?

Ella rió. A fuera, había un auto impecablemente blanco. Los vidrios estaban oscurecidos, pero distinguía a una persona dentro, y fuera, apoyado en la puerta del conductor, un joven rubio con los ojos más azules que jamás vi.

– ¡Sakura-chan! –La saludó con una gran sonrisa, luego desvió su mirada hacia mí, perdiendo su sonrisa–. ¡Vaya!
–Ella es Kyou, vino a conocer la ciudad.Kyou, él es Naruto.
–Mucho gusto, Naruto. –Hice una pequeña reverencia. Él por fin volvió en sí, saludándome con una sonrisa y también respondiendo a mi reverencia.
–Sakura-chan, ¿Por qué no nos la habías presentado antes? –dijo Naruto con alegría y cierta picardía que noté en su voz.

Entré al auto seguida de Sakura. La persona que estaba en el asiento del copiloto no se inmutó por mi presencia, la de una completa extraña, en su grupo de amigos. Parecía no importarle y eso me incomodaba, no pude evitar pensar que mi sola presencia lo molestaba de alguna forma.
En mi vida, había una larga lista de cosas que no recordaba, ya sea por su insignificancia o por mi memoria, pero había algo que jamás podía olvidar: ese momento en el que vi la mirada de sus penetrantes ojos ónix a través del espejo retrovisor. La mirada enmarcada por cejas arqueadas y mechones asimétricos de cabello azabache. Profunda, oscura y penetrante como un abismo. Me quedé helada, casi literalmente boquiabierta.

–“¿I-Itachi…?”


~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

¡Chicas! Gracias por leer y comentar los capítulos anteriores, de verdad que me hace feliz leer sus opiniones
    Andii3_Uchiha
   09/11/17 06:47 | Última edición: 09/11/17 06:47

Ohhh Por Dios esto fue demasiado! Me ha encantado no puedo creer que me dejes así hahahahhaha debería ser un pecado! No puedo esperar por el próximo de verdad que me pude imaginar en ese momento en el auto viendo a Sasuke por el retrovisor...no puedo con esto xD bueno espero actualices pronto estaré esperando la conti con entusiasmo! Gracias por tan grandioso fic onee!

    jailin_uchiha
   19/11/17 01:23 | Última edición: 19/11/17 01:23

Me gusto mucho el cap, me dejaste con ganas de seguir leyendo, enserio lo hiciste, estaré esperando ansiosa la continuación