Quédate conmigo 19
  Autor/a: Lhatatakeuchi
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  Fecha: 24/10/17 16:41
  Última edición: 24/10/17 16:41
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Nota: sé que ni todos los claveles del mundo pueden ayudarme para que me perdones por lo estúpido que fui. Pero quiero que sepas que cada día pienso en ti.


Te quedaste pensativa intentando descifrar a quién podía pertenecer esa nota cuando la voz de Gai te sacó de tus pensamientos.

Gai: vaya, parece ser que alguien intenta disculparse.

Tú: si, la pregunta es ¿quién?

Gai: tenías razón en eso de que las viejas costumbres no cambian. Cuando se trata de otras personas eres demasiado lista y puedes descifrar grandes secretos, pero cuando se trata de aplicar esos conocimientos a tu vida, eres pésima.

Atacó de lo más tranquilo sentándose en uno de los taburetes que bordeaban a la isla que había en tu cocina.

Tú: ¿qué intentas decirme? ¿Qué ya sabes de quién se trata?

Tu amigo peli negro se limitó a asentir con una sonrisa de superioridad, no muchas veces conseguía saber algo antes que tú.

Tú: bien, ¿acaso no vas a decirme?

Gai: vamos mujer, si te lo dijera no sería gracioso.

Tú: ¿me estás tomando el pelo Gai?

Gai: no, solo quiero que lo descubras tú misma. Seguro que eres capaz, después de todo no habrás peleado con tantas personas tras tu regreso ¿o sí?

Te preguntó con una ceja levantada y esa sonrisa de medio lado.

Tú: creo que me he peleado con demasiadas desde que llegué.

Comentaste sin importancia colocando el último clavel en el florero en el centro de la mesa. Giraste sobre tus talones para poder observar a tu amigo peli negro.

Tú: por ejemplo, contigo.

Gai: pero yo no cuento, peleamos por los entrenamientos y competiciones entre nosotros. Eso no cuenta como enfados porque ambos sabemos que a pesar de esas discusiones todo sigue bien.

Tú: en eso tienes razón, y hablando de competiciones, ¿qué haremos hoy para entrenar?

Gai: lo que hoy te tengo preparado es algo para aumentar tu resistencia.

Comentó captando tu atención completamente, al ver que no continuaba con su frase lo apremiaste.

Tú: ¿y bien? ¿de qué se trata?

Gai: haremos escalada.

Respondió de lo más tranquilo saliendo de casa para que lo siguieras. Caminando durante hora y media se situó en el pie de una montaña. Miraste hacia arriba, la verdad es que era realmente alta y demasiado empinada para tu gusto.

Tú: ¿crees que esto esté bien? Digo, ¿no habría que empezar con algo más... leve?

Tu compañero se volteó lo suficiente para sonreírte de esa manera tan suya.

Gai: esto es algo leve para el poder de la juventud.

Dicho esto, se puso a escalar cogiendo bastante ventaja. Diste un suspiro leve y sin perder más tiempo te colocaste en el borde para comenzar a escalar intentando coger a Gai quién ya estaba a unos diez metros por delante de ti.
Poco a poco comenzaste a subir, estabas en la mitad cuando tuviste que parar durante unos segundos para recuperar tu respiración. Tenías bien puestos los pies para que no pasase nada, soltaste una mano para poder pasarla por tu frente y retirar parte del sudor que escurría por ella.
Miraste hacia arriba, Gai estaba casi en la cima, realmente era rápido a pesar de la operación se había recuperado rápidamente. Miraste un momento hacia abajo observando todos los árboles que había, un poco más lejos se encontraba la villa. Cerraste los ojos dejando que el aire fresco meciera tus cabellos, respirando el aire libre.

Una sensación demasiado agradable, ¿cuánto habías soñado con poder volver a oler esa libertad? Demasiado para tu gusto. Algo te sacó de tus pensamientos. Esa sensación, de nuevo esa dichosa sensación de ser observada.

¿Hasta cuándo sentirías esa sensación? Ya eran tantas veces que comenzabas a creer que tus sentidos estaban aturdidos. Seguramente por el esfuerzo de los entrenamientos, o al menos eso querías creer.

Gai: ¡(...)-chan! ¡Cómo no aligeres tendré que cenar aquí arriba!

Llevaste tu mirada hacia arriba, apenas podías ver la cima y mucho menos a Gai, pero sabías que ya estaba sentadito esperándote.

Tú: igual la sensación de que me vigilan es la mirada de Gai intentando meterme presión para que aligere.

Reíste tras esa frase, era lo más probable ¿o no? Sin más demora continuaste con tu entrenamiento hasta llegar a una zona un tanto peli aguda. Te habías encontrado con un saliente bastante pronunciado. Con un poco de temor comenzaste a escalarlo, una mano luego la otra, ahora un pie y el siguiente. Y el ciclo se repite de nuevo, tu mano derecha en la parte más externa del saliente, ahora tu mano izquierda, el pie derecho asegurándote de que está bien colocado y por último el izquierdo. Ya te quedaba menos para poder superar ese saliente de roca. Animada decidiste mover una de tus manos, pero justo en ese momento el agarre de tu pie izquierdo falló. La roca en la que lo tenías posado se desmoronó de la pared. Perdiste el soporte en ambos pies quedando colgada solamente de una de tus manos. Estabas en una posición difícil, solo te agarrabas con una mano de la parte más externa del saliente. Miraste hacia abajo, la caída era demasiado grande. Tu vista viajó hacia arriba, podías ver perfectamente la cima. Por desgracia Gai ya no se encontraba sentado en el borde, podías escuchar como estaba haciendo flexiones o cualquier otra cosa. Podías llamarlo para que te ayudase, pero...


¿Significaba que te rendías?


Cerraste tus ojos, la mano que te mantenía unida a la roca estaba temblando por la presión, tus dedos estaban blancos. El dolor era fuerte, cada segundo que pasaba tu brazo estaba más cansado. Escuchaste un pequeño ruido proveniente de abajo, seguramente la roca que había caído tras fallarte el agarre había llegado al suelo aunque no era seguro, pero en ese momento no estabas por la labor de saber qué estaba pasando ahí abajo, preferías centrarte en tu nuevo problema.
Seguías suspendida en el aire sin saber qué hacer, sin saber cómo reaccionar. Tu cuerpo estaba agotado por el esfuerzo, no podías utilizar el chakra y si caías lo más probable es que no salieras con vida de allí. No tenías ni fuerza para llamar a Gai, necesitabas ayuda, pero entonces algo se te vino a la mente. Muchas imágenes pasaron en cuestión de milésimas de segundo por tu mente, todas relacionadas con la misma situación, tu cautiverio en la guarida de Orochimaru. Fuiste abriendo poco a poco tus ojos sin dejar de mostrar esa mueca de dolor en tu rostro.

Tú: no he llegado hasta aquí... para que una estúpida roca acabe conmigo.

Afirmaste para acto seguido impulsarte un poco con el brazo que tenías agarrado para subir lo suficiente y alcanzar con tu otra mano el saliente.

Tú: este no será mi fin. Aún puedo seguir.

Te alentaste a ti misma mientras buscabas un soporte para tus pies, cuando lo encontraste te aseguraste de que fueran seguros y acto seguido continuaste subiendo. Tras unos 10 minutos te encontrabas justo a 20 metros de la cima. Ya podías escuchar a Gai con claridad realizando su entrenamiento extra. Tus piernas y brazos no dejaban de temblar por todo el esfuerzo y la tensión. Solo te faltaba un último esfuerzo, solo un poco más. De nuevo una mano, otra más, un pie seguido del otro. Metro a metro ibas avanzando hasta que tu mano derecha dio con suelo plano. Te impulsaste un poco más hasta tumbarte en esa superficie plana boca abajo.

Luego diste media vuelta para poder mirar el cielo estirándote completamente. Dejando que tus extremidades descansaran después de tanto esfuerzo. Sentías como el sudor resbalaba por tu frente, como tus pulmones se llenaban de aire fresco y tu garganta escocía por la cantidad de aire que pasaba por ella. Pero todo eso no te importaba porque lo habías logrado.

Estabas en la cima de la montaña, habías superado todo lo que se te puso por delante, los baches, los fallos de tus manos, la zona de viento demasiado fuerte incluso cuando creías que ibas a despeñarte.
Todo lo habías conseguido tú sola.

Eso te daba esperanzas, esperanzas de que lo que estabas pasando solo era un bache. Esperanzas para recuperarte de tu mala situación física y poder regresar a tus habituales días donde realizabas misiones y salvabas personas.


¿Acaso era eso posible?


Una voz te sacó de todos tus pensamientos.

Gai: menos mal que has llegado, ya iba a ir a por ti. Por un momento pensé que no lo lograrías, pero me equivoqué.

Te incorporaste lo suficiente para poder observar a ese peli negro que estaba a tu lado. Te tendió una mano para ayudarte a que te levantaras.

Tú: para ser sincera yo tampoco creía que lo fuera a conseguir.

Gai: has hecho un gran trabajo, aunque deberías saber algo.

Tú: ¿De qué se trata?

Le preguntaste bastante confundida e intrigada.

Gai: no es malo tener que pedir ayuda. Si llegas a tardar unos segundos más tendría que haber saltado a por ti y evitar que te cayeras.

Respondió bastante serio, cosa poco común en él.

Tú: entonces ¿te diste cuenta cuando casi me caigo?

Gai: para serte sincero no lo vi, pero cuando pasé por ese saliente me imaginé que algo podía pasar por eso estuve atento a cualquier grito o a cualquier palabra que pudiera salir de tu boca, pero no fue así. Cada dos por tres iba mirando por donde ibas, cuando miré la segunda vez ya te habías incorporado al saliente y habías retomado tu camino.

Tú: puede ser que tengas razón con eso de que no es malo pedir ayuda.

Comentaste acercándote al borde del acantilado dándole la espalda. El viento seguía siendo cálido a pesar de estar tan arriba, pero era agradable puesto que te daba algo de frescor después de tanto calor del entrenamiento. Tus cabellos eran mecidos por él, cerraste los ojos respirando profundamente durante unos segundos. Al abrirlos pudiste ver toda la villa, una vista realmente hermosa.
Gai se puso a tu lado para poder observar también ese paisaje, se volteó lo suficiente para ver como tu rostro estaba sereno y como una sonrisa se iba dibujando en él.

Tú: es bueno pedir ayuda, pero sentía que esta vez tenía que valerme por mí misma. Demostrarme que puedo con cualquier bache, como el que se me presenta ahora mismo. Sentía que si era capaz de salir de esa situación podría salir de cualquiera. Necesitaba sentirme fuerte, porque últimamente solo hago que sentirme débil. Tenía que demostrarme que sigo siendo la misma, que puedo conseguir todo lo que me proponga como cuando era una cría. Tenía que dejar el miedo atrás, dejar de darme pena a mí misma para avanzar, para volver al juego. Para volver a ser yo.

Confesaste sorprendiendo al hombre que tenías a tu lado, quién sonrió nostálgicamente.

Gai: no puedes volver a ser la misma niña que eras antes (...)-chan, porque...






...................................... continuará ......................................



Muchas gracias por los comentarios chicas y tal y como expliqué ayer en el cap que subí del otro fic lamento mucho la demora en subir la conti! gracias por la paciencia chicas!
    mushashi
   25/10/17 01:20 | Última edición: 25/10/17 01:20

nee extrañe tanto ver tus caps pero enserio y sabes que esperare sempre pasiente y ame este cap nee-chan